Las revoluciones de 1820, 1830 y 1848

Europa vivió varios ciclos revolucionarios durante la primera mitad del siglo XIX, entre los más importantes en 1820, 1830 y 1848.
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| 14/06/2019 | Última actualización:


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Los diversos ciclos revolucionarios que se vivieron en Europa durante la primera mitad del siglo XIX, entre los más importantes en 1820, en 1830 y 1848 tuvieron el liberalismo, el nacionalismo y el radicalismo democrático como sus ejes ideológicos principales. Las revoluciones de este período son liberales, en tanto que promueven la instauración de regímenes constitucionales parlamentarios, y son fenómenos fundamentalmente urbanos.

El ciclo revolucionario de 1820

Las revoluciones de 1820 tuvieron lugar fundamentalmente en los países del arco Mediterráneo. Fueron unos movimientos protagonizados por minorías, con un programa «amplio» poco preciso, de tendencia liberal y democrático-radical. Todos los movimientos revolucionarios del 1820 se caracterizan por tener participación de las clases populares. Excepto en Grecia, el resto fracasa.

La primera oleada revolucionaria tuvo lugar a partir de 1820 en:

Características generales de los movimientos revolucionarios de 1820:

Las revoluciones de 1820 tuvieron lugar en los países donde el retorno al absolutismo había sido más fuerte, después del restablecimiento del viejo orden europeo al Congreso de Viena de 1815. Y también tienen lugar allí donde las ideas napoleónicas habían tenido mayor influencia, sobre todo en España y Nápoles. Fueron revoluciones de minorías, eminentemente liberales, pero de tendencia moderada.

En Nápoles la revolución estuvo organizada y realizada por los sectores de la burguesía media y alta. Élites políticas que conspiran en la clandestinidad, por la política represiva de sus gobiernos. Eran unas élites organizadas en sociedades secretas, la más importante era » La Carbonara «, fundada en Nápoles 1810.

Tanto en España como en Nápoles los revolucionarios trataban de conseguir:

Un punto en común en todos los movimientos revolucionarios europeos es que todos reivindican la Constitución española de 1812, porque está inspirada por la francesa de 1791. La Constitución española de 1812 era plenamente liberal porque contemplaba una monarquía constitucional, con un rey con amplios poderes como el veto suspensivo, por el que el monarca puede rechazar cualquier propuesta del parlamento y donde podía nombrar a los ministros. Dibujaba un parlamento con dos cámaras. El ejercicio de voto estaba restringido a los hombres y propietarios, que hace de filtro basado en la posición social y en el género. Y concedía una situación privilegiada a la religión católica y censura en materia religiosa.

Pero la revolución de 1820 era un movimiento protagonizado por las élites urbanas, las que desatendieron completamente las reivindicaciones sociales provenientes del mundo rural. Se manifestaban a favor de una política agraria moderada, por intereses económicos de los mismos protagonistas de las revoluciones liberales. Desatención motivada por un desconocimiento total del mundo campesino.

Los liberales participaban de una cultura política urbana y burguesa, que se había alejado de la cultura tradicional, muy arraigada en las zonas rurales. Esto condujo al fracaso de los movimientos liberales. Los movimientos liberales tropezaron con la oposición campesina. Lo que sucede en España durante el Trienio Liberal fue:

¿En qué medida afectó a los campesinos la política agraria del Trienio Liberal? No se beneficiaron en absoluto, porque los campesinos no tenían suficiente dinero para participar en las subastas promovidas por el Estado para comprar los terrenos desamortizados. Y además perdieron los tradicionales derechos de aprovechamiento: se van a ver privados de poder aprovechar los pastos, la leña … Los liberales querían la propiedad privada perfecta.

La política agraria de los liberales españoles giraba en torno a la promulgación de disposiciones sobre regímenes señoriales que llevaron al reconocimiento de las propiedades de la nobleza. En junio de 1821 el gobierno decide la reducción a la mitad del pago del diezmo y establece un nuevo sistema de contribuciones que aumentó considerablemente el pago de tributos.

Esta política agraria dio lugar a un movimiento rural anti liberal (el carlismo). Los campesinos se veían afectados por las políticas liberales que no defendían sus intereses. La revolución no la veían como suya. Estos campesinos que no eran propietarios de sus tierras, eran la clase social más explotada en el Antiguo Régimen.

Los movimientos liberales contaban con la oposición de las grandes potencias conservadoras que integraban la Santa Alianza. El sistema de congresos, o «Sistema Metternich», que tenía como objetivo el mantenimiento del orden y la paz entre los Estados europeos, se puso en marcha para combatir las revoluciones liberales:

Las revoluciones liberales de 1820 fueron aplastadas, excepto la de Grecia. ¿Por qué no en Grecia? El movimiento griego contó con la ayuda de potencias extranjeras (Rusia y Reino Unido). Ambas potencias estaban muy interesadas en el control de esta zona.

Para desarrollar una política de paz europea, la mayor amenaza era «la cuestión del este», o del Oriente. Esta zona era un polvorín. En primer lugar, la debilidad del Imperio Otomano y también el inicio del despertar de los pueblos balcánicos sometidos a su control, sin considerar el creciente interés de Rusia y la decidida voluntad de los británicos de impedirlo a toda costa. Inglaterra y Rusia tenían por aquel entonces unas relaciones muy tensas.

Las revoluciones de 1830

En 1830 se desarrolló una serie de revoluciones en Europa. Muchas de ellas triunfaron, como la que llevó a la independencia de Bélgica del Reino de los Países Bajos.

Los objetivos de los movimientos revolucionarios de 1830 eran:

A diferencia de las revoluciones de 1820, las revoluciones de 1830 se dan en Francia, Países Bajos, Polonia y los Ducados de Parma y Módena.

Características del movimiento revolucionario de 1830

Sobre todo en el caso de Francia, ahora sí hubo una mayor participación de sectores populares urbanos. Se superó el esquema elitista de las revoluciones de 1820. Las revoluciones de 1830 precipitaron la progresiva desintegración del orden político surgido tras la Restauración.

De nuevo fue Francia la que desencadenó la ola revolucionaria. El pueblo de París que permanecía mudo desde 1789, se levantó en 1830 durante las jornadas del 27, 28 y 29 de julio, «las tres gloriosas». Ya no se recurrió al pronunciamiento militar, sino a las barricadas, improvisadas con cualquier material: carruajes, toneles, sacos de tierra, adoquines… Para hacer frente a las fuerzas armadas. La Revolución de París consiguió derribar la monarquía de la Casa de los Borbones (que ya nunca volvería a reinar en Francia). Y transformó la inestabilidad política de la época de Europa en movimientos revolucionarios. Entre 1830 y 1831 Europa revivió la ola revolucionaria de 1789.

Focos de las revoluciones de 1830

Durante las revoluciones de 1830 se produjo el triunfo del liberalismo moderado en Francia, acompañada por el componente nacional en Bélgica. En Francia la alta burguesía accedió al poder.

Las revoluciones de 1830 también llevaron una expansión del radicalismo democrático con elementos socialistas a través del protagonismo que adquirieron en algunas ciudades la pequeña burguesía y los trabajadores (París y más tarde Lyon). Importante aportación del movimiento neobabuvista (seguidores de Babeuf, 1760-1797). Este movimiento fue muy importante en el desarrollo del igualitarismo. En 1830 un movimiento de trabajadores y de demócratas radicales se puso en marcha en Francia, centrado en París y Lyon (1831, Revuelta de los Canut).

El éxito o fracaso de estas revoluciones dependía:

En la Italia central las revoluciones fueron sofocadas por las tropas austríacas. Se produjo una intervención militar extranjera. Escasa representación de la burguesía, lo que restaba posibilidad al éxito del movimiento revolucionario.

Polonia era una sociedad profundamente agraria. La agricultura estaba poco evolucionada, con sistema de rotación trienal de cultivos sin barbecho. Encontramos una estructura de la propiedad controlada que la nobleza controlaba la mayor parte de las tierras. La Iglesia y la nobleza seguían manteniendo mucha importancia y la industrialización apenas se había realizado.

La Revolución de 1830 en Francia

La Revolución de julio de 1830, después de tres días de guerra en la calle, logró derribar la monarquía de los Borbones (rey Carlos X) e instaurar una monarquía liberal moderada, bajo el reinado de Luis Felipe I (1830-48).

Causa inmediata de la Revolución de 1830

El último rey de la Casa de los Borbones de Francia, Carlos X, gobernaba con el apoyo de políticos de extrema derecha. Su reinado dio al gobierno del país un giro involucionista. El movimiento revolucionario comenzó después de la proclamación de unas nuevas ordenanzas, el 25 de julio de 1830, cuando en la cámara hubo una fuerte oposición al gobierno, compuesta por las fuerzas bonapartistas y republicanas. Las ordenanzas pretendían reducir el poder que tenía la oposición en un Parlamento con muchos diputados hostiles. ¿Qué recogían estas ordenanzas?

En los primeros momentos, los políticos de la oposición se limitaron a discutir los diferentes textos. Lo que nadie imaginaba era que las manifestaciones de la calle, de carácter espontáneas, lo fueran a cambiar todo. ¿Por qué esta vez las clases urbanas trabajadoras apoyaron las movilizaciones que acabarían en una revolución?

Para entenderlo, es clave mencionar la crisis económica que sufría Francia desde varios años y que generaba un gran malestar social. En 1825 hubo un empeoramiento de la economía nacional, como consecuencia de una crisis financiera. El malestar social se agravó por las malas cosechas de 1828 y 1829. Y este episodio causó la reducción del poder adquisitivo de la población. Los productos se encarecían y en consecuencia había un descenso de la demanda en una serie de artículos, hecho que provoca el cierre de unas cuantas fábricas. Esto acabó causando una disminución considerable de la producción industrial francesa.

El historiador francés Ernest Labrousse escribió en «Fluctuaciones económicas e historia social», que la crisis económica era anterior a 1830, y que esta llevaba a un descontento político que agudizó los motivos de protesta contra el gobierno, principal responsable de esta crisis.

El marqués de Lafayette, partidario de Luis Felipe de Orléans, se encontró con algo que se le escapó de las manos. Lafayette decidió ponerse al frente de un movimiento que no había iniciado él, para canalizarlo y conducirlo a una solución moderada. La consolidación de esta monarquía bajo el liberalismo suponía una garantía para las potencias absolutistas, un mal menor frente a los peligros que podía representar una revolución continuada.

Después de las revoluciones de 1830 se produjo una división del continente europeo en dos áreas:

Francia y el Reino Unido apoyaron, en 1834, los constitucionalistas españoles y portugueses. En Europa se estaban gestando unas soluciones pactadas frente a las revoluciones: hecho que comportaba incorporar en los gobiernos a las élites burguesas.

Las revoluciones de 1848

Las crisis económicas (en los ámbitos rurales, industrial y financiero) y las crisis políticas y sociales son las principales causas del ciclo revolucionario de 1848. El estudio de estas revoluciones pone problemas para determinar dónde surgieron los diferentes focos. Ante el panorama de heterogeneidad de sus causas, hay que tener presentes los caracteres diferenciales de las revoluciones de 1848 en cada país.

Principales reivindicaciones de los revolucionarios:

Dos tipos de causas explican el movimiento de 1848:

Características de las revoluciones de 1848

Todas las revoluciones se produjeron en la primavera de 1848 y tenían componentes ideológicos comunes en el liberalismo, el nacionalismo y el radicalismo democrático. Las revoluciones de 1848 se producen de forma casi simultánea, entre febrero y mayo de 1848 y se extienden por buena parte de Europa. Se produjeron revoluciones en Francia, Imperio de los Habsburgo, Prusia y península Itálica. Y en particular en ciudades como París, Francfort, Berlín, Milán, Venecia, Roma, Palermo…

A las revoluciones de 1848 se les ha puesto la etiqueta de «Primavera de los pueblos», conocida así por la estación primaveral y en alusión de la manifestación del nacionalismo en los estados alemanes, la península Itálica y también al Imperio Austriaco. También se encuentran las reivindicaciones liberales, provenientes de la gran burguesía y el radicalismo democrático, y provenientes también de la pequeña burguesía y de los sectores populares.

En Francia la participación de los trabajadores urbanos parisinos fue fundamental. Georg Simmel dice que «desde 1830 se produjo en Francia una creciente concienciación de la clase trabajadora».

Pero las revoluciones terminaron con el fracaso en todas partes después de una fase de éxito momentáneo. Hacia finales de 1848 la suerte estaba decidida y en contra de las revoluciones. En verano de 1848 es cuando se extinguieron los últimos focos rebeldes. En la península Itálica, la revolución fue aplastada por la intervención de las tropas francesas y en Hungría por la intervención del ejército austríaco y ruso, que acabaron con la revolución en agosto de 1849 (el 14 de abril Hungría había proclamado su independencia).

¿Por qué se produjo el rápido fracaso de las revoluciones de 1848?

Durante las revoluciones de 1848 tuvo lugar la abolición de las relaciones de servidumbre en el Imperio de los Habsburgo. Fue una concesión hecha por miedo a los levantamientos de los campesinos, para evitar males mayores. En Rusia la servidumbre no se abolió hasta 1861, y en Rumanía en 1864. La abolición de la servidumbre en el resto de países se produjo durante el régimen napoleónico.

Estas revoluciones supusieron un paso importante en la creación de una conciencia nacional en Italia, y de manera más general las revoluciones contribuyeron a romper definitivamente con la época de la Restauración.

Europa después de 1848

La burguesía, que ya formaba parte de la alta clase media, fue accediendo al poder después de 1848. La alta burguesía mantenía alianzas con sectores del Antiguo Régimen. El moderantismo se fue imponiendo como ideología política dominante. El nacionalismo estuvo cada vez más al servicio de la creación de nuevos estados: en 1870 se produce la unificación de Italia y en 1871 la de Alemania. Las corrientes socialistas se manifestaron como un peligro desestabilizador a partir de 1828 y durante la segunda mitad del XIX.

Las revoluciones de 1848 vienen a ser la línea de separación entre la primera y la segunda mitad del siglo XIX. Resulta el final lógico de un proceso que en 60 años transformó la atmósfera política y social europea. La Restauración, después de la era napoleónica, salvó una parte de las conquistas de 1789.

El ciclo revolucionario de 1820-1830 contribuyó a ampliar las concesiones. Y las de 1848 las completó. La fecha de 1848 completa la serie de ciclos revolucionarios de la primera mitad del XIX. Cerrar todo un proceso de transición desde el Antiguo Régimen al Nuevo Régimen liberal.

Las revoluciones de 1848 pusieron de manifiesto que las clases medias, la burguesía, el liberalismo, la democracia política, el nacionalismo y las clases trabajadoras iban a ser en adelante los elementos permanentes del panorama político.


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