La Unión Liberal en el reinado de Isabel II (1856-1868)

La historia de España en el siglo XIX se desarrolla en medio de las intensas luchas entre los liberales progresistas y los conservadores. La Unión Liberal fue un intento de creación de un centro moderado-conservador.
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| 02/12/2020 | Última actualización:


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La historia de España en el siglo XIX se desarrolló en medio de intensas luchas entre los liberales progresistas y los liberales moderados conservadores para mantenerse en el poder. Terminada la Primera Guerra Carlista en 1840 con la victoria del frente liberal, los defensores del absolutismo quedaron en minoría. Durante la etapa central del siglo XIX, el desarrollo del Estado Liberal tuvo como su principal motor el partido de la Unión Liberal, del militar ennoblecido Leopoldo O’Donnell.

El reinado de Isabel II de España (1833-1868) y la crisis del Estado Liberal

Reina Isabel II
Reina Isabel II

El reinado de la monarca Isabel II estuvo fuertemente vinculado al establecimiento y consolidación de nuevo Estado liberal en España, de carácter conservador. La reina siempre estuvo al lado de los liberales moderados y esto provocó numerosos intentos de los liberales progresistas para llegar al poder mediante los “pronunciamientos” militares.

Evolución política durante la segunda mitad del siglo XIX

Son tres las etapas políticas que marcan la segunda mitad del siglo XIX español:

La Revolución de 1854 y el Bienio Progresista (1854-1856)

El general Espartero durante la Revolución de 1854
El general Espartero en su entrada a Madrid tras producirse la revolución de la Vicalvarada

La Revolución de 1854, conocida como Vicalvarada, dio lugar a un cambio de gobierno muy importante. Empezaba el Bienio Progresista. Los historiadores son actualmente más cautos analizando este periodo. Se ha visto que durante los dos años de gobierno progresista se produjo una recapitulación y redefinición del Partido Moderado. El progresismo no tuvo tiempo de introducir cambios y consolidar un bloque alternativo de poder. En 1856 después de un breve gobierno unionista la reina volvió a llamar a los moderados para formar gobierno.

La obra de gobierno del Bienio Progresista: la desamortización de Madoz

Durante el Bienio los liberales progresistas emprendieron una obra de gobierno centrada en la materia económica, que permitió dar un paso adelante en la industrialización del país.

Uno de los pilares centrales fue la Desamortización general de Madoz, de 1854-56, que consolidaba el mercado único nacional. Se acababa de hacer la desamortización de las propiedades eclesiásticas y ahora se ponía en venta gran parte de las propiedades de los municipios. En la medida en que el Partido Progresista perdió el poder de forma tan rápida no se pudieron capitalizar los beneficios de las medidas económicas aprobadas. Quién recogió todos estos frutos fueron los unionistas de Leopoldo O’Donnell.

¿Por qué el Partido Progresista no consiguió mantenerse en el poder?

El Partido Progresista tenía unas bases muy variadas. No habían conseguido formar un bloque sólido de poder. Cada vez que los progresistas habían tenido ocasión de llegar al poder durante el siglo XIX habían sufrido escisiones de sus bases políticas fundamentales hacia la izquierda. Esto es lo que pasó durante el Bienio Progresista.

Los progresistas perdieron los sectores más importantes de las nuevas clases medias que fueron a parar al nuevo Partido Demócrata, fundado en 1849. Los demócratas eran partidarios del pleno reconocimiento de los derechos ciudadanos y las libertades individuales, el sufragio universal, la desamortización de todos los bienes de la Iglesia, incluidos los bienes civiles y la abolición de las quintas.

El Partido Progresista permaneció como el partido de notables, al igual que el Partido Moderado. Esto benefició al Partido Demócrata, partido moderno que había sabido adaptarse a los nuevos tiempos.

La pérdida de apoyos entre los sectores más populares en el partido Progresista

Los progresistas perdieron unos sectores muy importantes del país, como las clases medias y las clases trabajadoras. También se marcharon del partido sectores obreros que en aquellos momentos estaban inmersos en nuevas políticas de clase, como en Barcelona, que los impulsaban hacia el asociacionismo.

Hasta mediados del siglo XIX, los obreros estaban dentro del Partido Progresista. Los acontecimientos del Bienio supusieron un cambio para los sectores más populares de la sociedad.

General Espartero
Retrato de general Espertero

El partido Progresista no supo mantener cohesionado el sector de la clase media burgesa con el sector obrero. El general Espartero, líder progresista de una capacidad carismática profunda, tenía grandes contradicciones políticas. En la desamortización de Madoz no había una intención de incorporar a las capas populares en el sistema de propiedad.

La revolución de 1854 abrió la posibilidad del experimento progresista del Bienio. La revolución fue posible exclusivamente porque las instituciones básicas del Estado estaban en ese momento dando muestras de ruina y de un colapso evidente que afectaban tanto a la Corona como al Partido Moderado.

Reina Isabel II. Unión Liberal
Caricatura de Isabel II con los representantes de los sectores moderados del país.

Salvar el régimen monárquico para salvaguardar los derechos de los privilegiados

La Revolución de 1954 fue una operación de salvación del régimen en la medida en que el Partido Moderado ya no era capaz de salvar el Estado liberal.

El Partido Moderado intentó una operación de salvamento del régimen, pero el partido conservador tenía desde 1852 graves dificultades para gobernar el país. Los moderados se movían en el descrédito más completo. La caída del presidente del Gobierno Bravo Murillo en 1852, que intentó una reforma constitucional que recortaba más el juego electoral respecto la constitución de 1845, fue el paso decisivo hacía la caída de los moderados.

La inestabilidad de los gobiernos moderados

El escándalo de la clase política moderada hizo que cayera el gobierno de Bravo Murillo. A continuación hubo tres gobiernos en poco tiempo. Los moderados estaban en un proceso de desintegración. A esto debemos sumar la enorme corrupción política y el escándalo público en torno a la construcción del ferrocarril. La Corona estaba sufriendo una erosión de imagen extraordinaria. Se contemplaba en unos términos de desconsideración y crítica como no se había visto nunca antes. El hundimiento de las posibilidades de la figura de la reina Isabel II en cuanto a facilitar la acción política fueron nefastas.

El deterioro de imagen de Isabel II

Isabel II representaba la imagen del deterioro del sistema político liberal. Una reina rodeada de corrupción, deseos personales, intrigas familiares… No tenía ningún sentido de Estado y nunca entendió la política. La reina estaba interfiriendo permanentemente y siempre a favor de los moderados. La monarquía causaba un grave desequilibrio al sistema.

Desde el Partido Moderado surgió la idea de una operación política para evitar un bloqueo político completo y que permitía alejarse del moderantismo tan marcadamente oligárquico, presentando una fuerza política diferenciada del viejo Partido Moderado y que sujetara la corona a la ley.

Caricatura de la reina Isabel II

La división interna del Partido Moderado

Los representantes del Partido Moderado entendían que era necesario emprender una reforma general de la política. ¿Por qué surgió la idea desde las filas del Partido Moderado? El partido había llegado a ser un gigante extraordinario pero muy dividido en su interior. Contenía una multitud de opciones.

Los radicales de derechas

El partido estaba dividido porque había surgido un ala derecha muy radicalizada: los neoabsolutistas.

Los neoabsolutistas estaban cada vez más en contra de las Cortes y el liberalismo. La Constitución de 1845 había recortado el papel de las Cortes (las elecciones comenzaban a ser mediatizadas por prácticas caciquiles).

El centro moderado

En el centro del Partido Moderado estaban los moderados propiamente dichos, donde encontramos los grandes nombres políticos del momento:

Los moderados modernos

El sector más moderno y abierto del moderantismo eran los puritanos. Este sector entendía que un sistema político que se reclamaba liberal no podía dejar de atenerse a unas reglas de juego fundamentales. De ahí surge el análisis de que la marcha del régimen moderado conducía a un impasse a ninguna parte. Son representantes del sector puritano:

La operación política de los puritanos pasaba por:

  1. Restaurar el crédito en la opinión pública.
  2. Acabar con la corrupción.
  3. Desmarcarse del moderantismo que hacía olor a corrupción.

La formación del Partido de la Unión Liberal

El plan de los moderados puritanos pasaba por presentar una nueva opción política, un nuevo partido, en la forma de una Unión, que pudiera superar los conflictos entre partidos existentes hasta ese momento en el país.

Quería ser la formación de un centro nuevo, que reclamaba la presencia de los progresistas más tibios y los sectores puritanos que entraron en este nuevo centro político. Fueron conocidos como “los resellados”.

La nueva formación debía presentar un discurso y presentarse en sociedad. El discurso de la Unión Liberal hacía volver a los orígenes del liberalismo español, reclamándose herederos de la Revolución Liberal, que era la de todos los liberales.

En las elecciones de 1854 ganaron los progresistas de Espartero, Pero el ministro de Guerra fue Leopoldo O’Donnell, de la Unión Liberal, como muestra de la superación del viejo sistema partidista isabelino. Se buscaba un espacio compartido de poder, pero bajo la dirección progresista no salió bien.

Para las elecciones de 1854 se presentó el Manifiesto de la Unión Liberal donde se anunciaban los elementos básicos del nuevo partido. En 1854 se produjo un intento de pronunciamiento militar por parte de los moderados, que no acabó de clarificar la situación. Fue entonces cuando se preparó un plan alternativo (Cánovas), que redactó el Manifiesto de Manzanares donde convocaban las bases del progresismo. Discurso donde se recogen planteamientos progresistas.

El intento de redactar una nueva constitución por parte de los progresistas se vio truncado cuando la reina llamó a Leopoldo O’Donnell a formar gobierno.

El periodo de gobierno de la Unión Liberal (1856-1863)

Terminado el Bienio Progresista 1856, España entra en una etapa decisiva del siglo XIX, cuando se intentó evitar el hundimiento del Estado liberal isabelino. Este período fue un ensayo general de lo que sería años más tarde la Restauración borbónica de 1874.

La Unión Liberal llegó al poder en 1856. Propiamente su periodo de dirección política se encuentra entre 1858 y 1863. En estos años estabilizó la situación política y consiguió el éxito incomparable de ser el gobierno más estable en la historia del liberalismo. La Unión Liberal se presentó en el 1854 con un manifiesto con el propósito de ocupar el espacio político del centro.

Su talante principal era el eclecticismo, amalgama de propuestas, la búsqueda de la superación de las prácticas de corrupción y de las leyes. No puso en cuestión el liberalismo doctrinario, pero incorporó aspectos del programa progresista.

El intento de reforma del sistema liberal

La Unión Liberal quería llevar a cabo una remodelación del sistema para permitir desbloquear la maquinaria ya tan agotada, pero sin alterar los elementos clave del sistema moderado (Corona, doctrinarismo…). De esta manera se formó el núcleo de la Unión Liberal, el centro parlamentario de 1856 donde confluyeron diferentes familias de notables (“resellados” progresistas, puritanos, jóvenes de política más moderna). Representaban el mundo de los intereses de la alta burguesía y media conservadora. Tuvo gran éxito en convocar elementos de las grandes finanzas y el ejército.

Leopoldo O'Donnel
Leopoldo O’Donnel, líder de la Unión Liberal.

El líder político del período era Leopoldo O’Donnell. En 1856 recibió el encargo de formar gobierno, que duró muy poco. A última hora la reina eligió a Ramón María Narváez para presidir el gobierno.

Leopoldo O’Donnell, líder de la Unión Liberal

¿Qué prometía O’Donnell? Era militar, con un talento muy diferente, más respetuoso y moderado. Hasta que no murió O’Donnell en 1866 la Unión Liberal no pasó a la oposición. O’Donnell se negaba a romper su fidelidad a la reina. En 1866 la Unión Liberal estuvo en el Pacto de Ostende.

O’Donnell representaba la presencia del ejército en la política. La Unión Liberal había prometido situarse a cierta distancia respecto a los moderados y por eso se tenía que cambiar la Constitución de 1845.

La Unión Liberal promovió la reforma constitucional a través de una acta adicional. Era un partido reformista, pero no se atrevieron a cambiar el edificio constitucional. No había nuevo rumbo. Se utilizó la prensa al servicio del partido.

En cuanto a la cuestión electoral, los unionistas hicieron una rectificación o corrección de las listas electorales (demanda de los progresistas). El progresismo planteaba la ampliación del censo. Los unionistas proponían unas listas más correctas, pero no la ampliación del censo. Si en 1857 de entre un censo de 15,5 millones de habitantes votaban 157.000 personas, en 1858 el censo era de 160.000 electores.

En Francia en 1863 votaban, de entre los 10 millones de habitantes, el 26,7% de la población y en Gran Bretaña de entre 2,5 millones solo el 8,9% tenía derecho a voto en 1868.

Programa de la Unión Liberal

La descentralización municipal

Otro promesa de la Unión Liberal hacía referencia a la modificación del poder municipal a través de una descentralización política. Pero los unionistas no podían llevarla a cabo porque la descentralización equivalía a llevar a cabo un cambio del sistema demasiado radical

La Unión Liberal procedió a llevar a cabo una descentralización prudente, y cínica, que en realidad suponía la incorporación de los caciques al poder municipal. Era el anuncio de lo que sería décadas más tarde la Restauración: un modelo de Estado formalmente liberal pero con mecanismos de manipulación del voto para vivir de espaldas de la opinión a través de la acción caciquil.

Este nuevo sistema se enquista profundamente entre la clase política que operaba desde Madrid y los notables locales. A esto se le llamó descentralización local.

Caciquismo y redes clientelares

Este liberalismo moderado que se apoyaba en las redes caciquiles era típico de esta fase de transición en el proyecto de construcción del Estado liberal, del poder público. Era un Estado en fase de cambio, inmovilizado y frenado en su posible democratización real. El caciquismo suponía el freno en recursos que detenían la marcha hacia la democracia.

El discurso oficial del momento lo realizaba Posada Herrera, ministro de la Gobernación. Posada Herrada decía sobre la descentralización que era una “influencia legal y moral del Gobierno en el territorio”, y que nada tenía que ver con la corrupción.

Durante la década de 1850 la cultura política ciudadana era mínima. Esta realidad de liberalismo y caciquismo no era del pasado, porque en el pasado no había liberalismo. Era un nuevo estado liberal que se reclama como un Estado de Derecho, pero que convivía con elementos del pasado, contrarios a la legalidad vigente. El caciquismo era tan fuerte que incluso no se podrá romper el Sexenio democrático.

Además, en la medida que la educación seguía dependiendo de unos recursos locales mínimos y de unos profesores hipotecados a estos poderes caciquiles, el caciquismo controlará el poder a los ayuntamientos. Era un fenómeno rural y urbano.

La promesa desamortización

Muchos sectores estaban interesados ​​en continuar la desamortización de Madoz de 1855. Los unionistas formaban parte de la gran burguesía: tenían interés en poner en el mercado más bienes pertenecientes a la Iglesia. Pero como tenían unos compromisos muy fuertes con la Iglesia, lo que hicieron finalmente en 1858 fue la recuperación de la desamortización de Madoz.

Fue una operación diplomática: firma del Convenio de 1859 con el Vaticano y ley de 1860 de desamortización. Se podrán vender los bienes de la Iglesia que se pagaban con bienes en el Vaticano.

Medidas económicas de los gobiernos unionistas

La Unión Liberal vivió una etapa de prosperidad económica. El Gobierno estaba determinado a favorecer la expansión capitalista. Su línea era un programación de intervención económico muy claro. Se encontraban eufóricos y pensaban que desde el Estado se podía dar el salto definitivo hacia la industrialización del país.

Se apostó por inversiones en obras públicas y 1850 se aprobó un presupuesto extraordinario con ayudas a empresas ferroviarias. En 1859 se aumentó en 2.000 millones de reales las partidas principales de Fomento. Esta disposición de dinero provino del ingreso de la venta de propiedades desamortizadas. Pero estos fondos debían ser destinados a cubrir la deuda pública.

Los unionistas desviaron los fondos destinados a pagar la deuda pública. Desatendieron la deuda y en la medida que se activaría la economía industrial, la prosperidad conllevaría nuevos ingresos para el Estado para cubrir la deuda. Pero el ferrocarril no resultará de momento tan rentable como se había esperado. La demanda del mercado fue menor.

La elección de los ferrocarriles como campo privilegiado. El pago por la deuda pública disminuye de 180 millones a 89. Los gastos aumentan un 60% entre 1850 a 1860.

Gastos de guerra y marina (política exterior)

Aumento muy considerable de los gastos militares durante este periodo. Los gastos militares pasaron de 95 millones en 1857 a 212 en 1860, aumento que estuvo unido a la política exterior de los unionistas. Fue una política exterior de aventura, ambiciosa, que significaba la incorporación de España (de segunda fila) a la mayoría de edad. Política exterior propia, autónoma. Tímida y poco fundamentado proyecto de salida al exterior.

¿Por qué esta política? El aumento de la prosperidad económica lo propicia. Pero además la situación internacional estaba cambiando. Había entrado mucho capital francés. Proximidad España-Francia, especie de alianza en términos de igualdad (falsa impresión). Napoleón III tenía enormes ambiciones coloniales. España creía que podría participar en algunas empresas coloniales francesas y entró a la intervención de México. El general Prim fue el representante español. Pero Prim se retiró de la operación sin contar con los franceses y el Gobierno español.

El surgimiento del nacionalismo y el auge del militarismo

Se produce durante estos años la aparición de nuevos estados en Europa y un crecimiento del poder colonial que permitió un crecimiento económico. Las identidades nacionales del XIX son inseparables al instrumento militar. España pensaba que podía realizar un discurso nacionalista utilizando el poder militar y unas colonias directamente al servicio de la consolidación de los capitalismos metropolitanos. Pero España no estaba en condiciones fundamentales para llevar a cabo estas empresas coloniales.

El gobierno de la Unión Liberal llevó a cabo unas inversiones extraordinarias ligadas a la construcción del ferrocarril y una política exterior de prestigio. Desde la pérdida de las colonias, España había entrado en una etapa de postergación. La Unión Liberal se lanzó a realizar diversas intervenciones en el exterior con un resultado muy pobre.

Nulos resultados en el terreno de sacar a España de una posición de inferioridad. Política negativa en términos de endeudamiento. Pero fue positivo para el crecimiento de la conciencia nacional la intervención en el norte de África junto a Francia. Prim y O’Donnell fueron los dos personajes que salieron más victoriosos de este política.

Se creó una iconografía nacionalista de la que tan necesitaba estaba España. La guerra tuvo unos costes enormes para las clases populares.

¿Por qué fracasó la Unión Liberal?

El fracaso del la experiencia política de la Unión Liberal fue un proceso imparable de agotamiento como consecuencia de unos defectos políticos fundamentales. La Unión Liberal había hecho una tarea política muy de fachada. No había superado el nivel de partido de notables. No había conseguido fijar un programa que permitiera formas de solidaridad entre los afiliados del partido.

Había seguido siendo un partido de prohombres unidos entre sí por compromisos muy débiles (personales, reparto de privilegios, poder…). La Unión Liberal se caracterizó por mantener una división interna permanente. Existían fricciones con O’Donnell y su liderazgo. A Leopoldo O’Donnell se le acusaba de no cumplir con sus compromisos.

Hacía otro tipo de conservadurismo renovado

De la etapa de gobierno de la Unión Liberal salió un conservadurismo liberal más moderno que hizo experiencia de gobierno y que le permitió durante la Restauración actuar con mayor diligencia. Uno de los artífices de este proceso fue Antonio Cánovas del Castillo que estaba buscando una forma de actuación política mínimamente sustantiva y dialéctica.

A Cánovas del Castillo le pareció que el desgaste de la Unión Liberal se debió a la falta de consistencia, por el hecho mismo de que no había tenido necesidad de vencer ninguna oposición política. La Unión Liberal lideró el campo político sin oposición. Esto es, según Cánovas, lo que había que evitar era que el partido de gobierno se sintiera demasiado cómodo para no tener que discutir con otro partido sus políticas.

Cánovas llegó a la conclusión de que era nefasto el monopartidismo y por lo tanto se tenía que evitar en un futuro instaurando un régimen bipartidista. La dialéctica gobierno-oposición era necesaria.

Pero tenía que ser un bipartidismo diferente al que existía durante el reinado de Isabel II, muy desequilibrado a favor de una opción política determinada, los moderados conservadores. Cánovas también consideraba que había sido nefasta la relación política-militares. No eliminará el poder político a los militares, pero los sacará del sistema.

El deterioro económico del país

Durante los últimos años de gobierno de la Unión Liberal se entró en una etapa de deterioro de la situación económica. Se había pasado de un país agrícola a uno con una incipiente industria y siderurgia. Era un país agroindustrial. Pero el techo se alcanzó muy pronto. Se produjo un cierre de los mercados financieros con la crisis financiera de 1864-66.

La herencia política de la Unión Liberal

Durante las décadas de 1850-1860 aumentó la maquinaria política centralista, se reforzó enormemente el poder central; se acentuó el uniformismo legislativo y aumentó la maquinaria burocrática central.

Esto restó las posibilidades de construir un Estado liberal auténticamente democrático. En España en 1860 había 190.000 funcionarios públicos mientras en Gran Bretaña con una población de 30 millones de habitantes había 46.000. La Administración era extremadamente lenta, con una gran falta de capacidad y mucha corrupción.

El conservadurismo catalán fue retirando su apoyo a los unionistas. No participaron del progresismo, pero tampoco facilitaron la defensa del trono. Todo esto hizo que O’Donnell presentara su dimisión al 1863. Su tiempo había pasado. Perdió la oportunidad de fijar el espacio político para la Unión Liberal.

La crisis final de Isabel II

La Corona se dirigió al viejo partido Moderado. Cada vez más reducido, porque a la derecha los neoabsolutistas estaban entrando en posiciones de defensa del Papado y no estaban conformes con las posiciones más tibias a las que tenía que recorrer la Corona. Los neoabsolutistas se acercaron cada vez más a los carlistas.

Precisamente durante el Sexenio fue muy importante la unión de carlistas y neoabsolutistas en la Comunión Tradicionalista, nueva fórmula de gran movilización política en España.

La Corona se encontró con un moderantismo reducido y envejecido con actuaciones muy disparatadas: supresión de las Cortes, recorte de la libertad de imprenta… Era una radicalidad que provocó que el resto de partidos políticos se pusieran frente a los moderados. Llegó un punto que incluso los militares afines a los unionistas se les envió al exilio.

Por primera vez el gobierno se encontró con una oposición del sector estudiantil. Se desencadenó un grave conflicto en la Universidad Central de Madrid donde varios catedráticos fueron despedidos, entre ellos  Emilio Castelar. Estos hechos se conocen como “la noche de San Daniel“.

El unionismo representaba un moderantismo cada vez más incapaz de formar gobiernos mínimamente estables. Los hechos de 1868 no fueron el triunfo de una Revolución organizada por la oposición al sistema sino un proceso imparable de liquidación del régimen desde dentro.


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