La crisis del moderantismo (1856-1868): la oposición política

La Revolución de 1868 fue una sublevación militar que supuso el destronamiento y exilio de la reina Isabel II y el inicio del período llamado Sexenio Democrático.
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| 03/12/2020 | Última actualización:


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Durante los últimos años del reinado de Isabel II, conocidos como los de la crisis del moderantismo, se celebraron seis elecciones, en 1857, 1858, 1863, 1864, 1865 y 1867. La inestabilidad política provocada por las fracciones internas dentro del partido de gobierno de la Unión Liberal y la profunda crisis económica precipitaron los acontecimientos de la revolución gloriosa de 1868.

La crisis del reinado de Isabel II. Las fuerzas de oposición durante la crisis del moderantismo

El Partido Progresista de Joan Prim

El Partido Progresista había sido fundado en 1835. Como formación política, siempre se había declarado dinástica desde su nacimiento. Sus integrantes habían colaborado en la mayoría de los «pronunciamientos» militares que se produjeron a lo largo del siglo XIX.

En la etapa final del reinado de Isabel II, el líder de los progresistas era el general Joan Prim.

Joan Prim
Joan Prim.

A partir de 1863 el partido Progresista entró en la organización de las actividades insurreccionales que tenían que desembocar en la abdicación de la reina Isabel II. Se estaban formando por el territorio las juntas (organización típica de la Guerra de la Independencia) para hacer presión sobre el poder.

Estos primeros intentos insurreccionales fracasaron (sublevación del cuartel de San Gil, 1866). Tras estos fracasos, Prim intentó buscar el apoyo de otras fuerzas políticas, ampliando su convocatoria a otros sectores: políticos provenientes del Partido Democrática y del Partido Republicano y también a algunos jefes militares unionistas, progresistas y demócratas.

Los progresistas, los liberales de izquierdas

¿Cómo había surgido esta fuerza política liberal de izquierdas? En un inicio, el Partido Progresista nacía de la ideología del liberalismo, pero pronto fue más allá y empezó a hacer una lectura nueva de la democracia. La parte del Partido Progresista más moderada consideraba que ya se había hecho un cierto camino en el desarrollo de la revolución liberal a pesar de las insuficiencias presentes.

El ala más radical del Partido Progresista consideraba que se tenía que luchar para recuperar el espíritu de la revolución liberal. Uno de los episodios centrales en la formación de este sector más avanzado del partido fue la lucha contra el general Espartero, un progresista que expresaba en sí mismo las incongruencias del sector más moderado del partido.

Este sector más radical se hizo notar sobre todo en Cataluña. También en Cataluña iba creciendo un sentimiento obrerista entre las clases trabajadoras que se fue acercando al sector más avanzado del Partido Progresista.

El Pacto de Ostende de 1866: la insurrección para derrocar la reina Isabel II

De forma inédita en el siglo XIX español se llegó a la firma del Pacto de Ostende. El pacto preveía una insurrección mixta, con participación militar y política. Era una suma de formas de entender la revolución. El Pacto de Ostende fue el acuerdo firmado por el Partido Progresista y por el Partido Demócrata para derribar la monarquía de Isabel II de España. Este pacto, al que a principios de 1868 se sumó la Unión Liberal, fue el origen de «La Gloriosa», la revolución que en septiembre de 1868 depuso a la reina española.

El republicanismo, la izquierda del liberalismo

Durante las décadas centrales del siglo XIX se formaron los primeros núcleos republicanos en el país. Por toda España iba creciendo una propuesta antidinástica, con contenidos específicos. El republicanismo todavía contenía indefiniciones en su programa y vacilaciones en su doctrina política. Momento de gran socialización política.

Los republicanos compartían valores muy notables: anti monarquía y anti centralismo. Propuesta para el país de tipo federal. Defendían el interclasismo y el anticlericalismo, la ciencia, la razón. En definitiva, el progreso.

Republicanos españoles en 1873
Alegoría de la república en los tiempos de la Primera República española.

El Republicanismo de izquierda apareció en España lentamente en la medida que se consolidaba el Estado Liberal. Surgió como crítica al sistema proveniente de los sectores sociales que no se veían apoyados por el nuevo Estado liberal. Era un proceso lento y complejo.

Las críticas al Estado Liberal empezaron en 1830. Una crítica al sistema que no se reflejó en el Parlamento, pues la revolución liberal triunfante fue restringiendo el derecho a voto y la representación política del sector social más desfavorecido cada vez era menor. Si el siglo XIX empezó con un tipo de liberalismo de carácter popular representado en las juntas (durante la Guerra de Independencia), a mediados de siglo el liberalismo ya era muy conservador.

La izquierda del liberalismo centró sus críticas en las insuficiencias de la revolución liberal y buscó dar un contenido democrático al liberalismo.

El programa político del republicanismo

A partir de 1830 se desarrolló una corriente republicana dentro del Partido Progresista, que acabaría dando lugar al Partido Demócrata en 1849. Pero esta corriente mostraba una contradicción: un desarrollo muy lento de la doctrina política antimonárquica. Y en el terreno de la construcción de una organización política mostraba una gran ambigüedad: dificultad para la definición. Era un movimiento aún inmaduro.

En cambio tenía una enorme potencialidad al construir una nueva cultura política. Resultó muy interesante su capacidad de creación de fórmulas societarias que permitían reunir sectores sociales muy variados, todos ellos alrededor del sentimiento contrario a la construcción de tipo conservadora del Estado liberal.

Una cultura política que amplió sus registros y los fijó de forma muy eficaz. Donde tuvo un gran éxito fue en la difusión de su ideario a través de periódicos, publicaciones…. Era una literatura popular muy activa (el de las novelas por entregas por ejemplo).

Una nueva cultura política

El republicanismo pretendía construir un modelo social nuevo, de espíritu de lucha frente al abuso, la arbitrariedad y la inmoralidad. Esta izquierda creó redes de solidaridades, prototipos, la conciencia de un mundo diferente. Se fijó un horizonte de esperanza. Era una izquierda con una fuerte componente anticlerical. Será este un elemento que podrá ir presentando muchos desarrollos que permitirá una elaboración a muchos niveles.

Encuentro en una sociedad republicana.

Esta izquierda consideraba que la monarquía era una creación diabólica, hecha al servicio de la represión del pueblo. Y según esta interpretación el clero regular era la columna vertebral de la monarquía, contra el que se tenía que combatir. La obsesión contra el clero regular venía porque defendía el viejo orden. Los republicanos defendían que el clero era el primer interesado en la ignorancia del pueblo trabajador.

El republicanismo tenía una de las corrientes más entusiastas representada en el semanario «La Razón«, gran defensor del progreso. Había una confianza ciega en que la historia los llevaría hacia el nuevo mundo, un futuro de armonía social y emancipación. Primeras formulaciones federales autóctonas, del país.

El republicanismo expresaba la reclamación de poder político de las burguesías locales. Era un discurso moral con una propuesta utópica, motivador y potenciador del activismo. El horizonte utópico se defendía en el deseo de un poder moral, armónico, que no presentara cargas injustas sobre el pueblo. Se expresaba en la lucha contra las quintas. Proponían un gobierno austero. Denunciaban el despilfarro, la corrupción. Había que conseguir un gobierno cercano y eficaz.

Partido Demócrata (1849)

Al hilo del entusiasmo de las revoluciones de 1848 en Europa, en España apareció un partido que era totalmente inédito, reflejo de la situación europea, pero que estaba perfectamente apoyado en el mundo previo republicano. El nuevo Partido Democrática consideraba que tenía que buscar todas las fórmulas de oposición y desgaste al Estado isabelino. Los demócratas habían ensayado la formación de barricadas, juntas… Siempre habían sido castigados por la represión.

Su manifiesto político contiene una particularidad porque supone la maduración del ideario demócrata respecto a las primeras formulaciones de Cádiz (1812). Se presentaban con mayor claridad los problemas. El manifiesto ya era un avance hacia la democracia liberal. No había ruptura con el liberalismo, sino el avance hacia la democracia.

Programa del Partido Demócrata

El Partido Demócrata representaba una ruptura con el liberalismo económico del tipo laissez-feire. Los demócratas eran liberales, no en el sentido económico, sino en el político: implicados con temas como la instrucción pública, la asistencia social….

Esto permitió establecer un punto de confluencia de diferentes sectores de la izquierda, en tres líneas:

  1. Ex-progresistas. Liberales que habían abandonado el Partido Progresista.
  2. Republicanos (mayoritarios).
  3. Jóvenes escritores e intelectuales (pre-socialistas) que hacían hincapié en las injusticias sociales. Apostaban por la asociación de los obreros como forma de combatir a su sumisión.

Pero el partido Demócrata tenía una debilidad congénita: sus dificultades para compactar en un partido todas sus familias. Los militantes del partido estaban en la línea ideológica de los liberales ex-progresistas. Algunos eran titulados universitarios. Pertenecían a un mundo que no era el de las bases republicanas. La dirección del partido era la derecha del partido. Esta izquierda no abandonó la lucha insurreccional. Doble militancia: formal al partido Demócrata y la clandestina (sociedades de tipo carbonario).

Objetivos y debates internos del Partido Demócrata

Había un problema entre la relación de la democracia y el socialismo. Las discusiones afectaban a los primeros intelectuales de la democracia en España. Aunque se encontraban en un estado muy precario. Había muchas disputas internas y una creciente dificultad de comunicación entre el partido y sus bases.

En 1860 se produjo una polémica entre Fernando Garrido (ala más socializante, societario seguidor del italiano Mazzini) y José María Orense, marqués de Albaira (dirigente del partido).

Fernando Garrido en 1860 publicó un artículo donde defendía la memoria de Sixto Cámara (socialista utópico), que provocó el disgusto de Ourense. Garrido había tenido la preocupación de llevar al país las corrientes europeas más democráticas y se convirtió en defensor de las teorías cooperativistas. Insistía en que la democracia conducía al socialismo (emancipación de los trabajadores).

Ribero, frente a Garrido, rechazaba cualquier presión gubernamental en la esfera privada. No creía que la democracia significara una evolución hacia el socialismo. Garrido creía que los demócratas debían realizar un programa político positivo de activismo que fomentara el asociacionismo. Ourense en cambio consideraba que con el sufragio universal ya era suficiente para solucionar los problemas.

La Declaración de los Treinta de Pi i Margall

En medio de este intenso debate dentro del Partido Demócrata fue cuando intervino Francesc Pi i Margall, en 1860, en un intento por salvar la unión del partido. Pi i Margall patrocinó «La Declaración de los Treinta», un documento que fijó los mínimos del programa democrático:

Pi i Margall no consiguió el apoyo de Ribero y otros dirigentes del partido.

Pi y Margall
Francesc Pi i Margall

Los debates entre Emilio Castelar y Pi i Margall

En el mismo año 1860 se produjo por parte de Emilio Castelar un intento desde la derecha del partido Demócrata de avanzar hacia una democracia liberal (democracia individualista de obediencia a los puntos liberales).

Castelar se presentó como líder de la corriente moderada y contó con el portavoz «La Democracia» que apareció justo en el momento, en 1863, que se producía el retraimiento de los progresistas puros (Sagasta, Ruiz Zorrilla…) que ya estaba de pleno en las vías insurreccionales. Joan Prim aún no estaba en la insurgencia. Castelar se presentaba como el que conseguiría que estos progresistas integraran al Partido Demócrata, haciendo el partido accesible y acentuando su postura anti socialista.

Pi i Margall puso el acento en el problema agrario partiendo de una denuncia a la desamortización de Madoz. Decía que los demócratas que no querían entrar a discutir la reforma agraria no se diferenciaban de los progresistas. Los demócratas liberales creían que no era su objetivo resolver los problemas sociales. Pero para Pi i Margal los problemas sociales estaban a la orden del día y había que entrar a solucionarlos.

Pi i Margall: contra el dogma de la propiedad individual

Para Pi i Margall la democracia en España no llegaría hasta que no se estableciera un campesinado independiente (de pequeños propietarios) mediante la disposición de unos créditos estatales a interés mínimos que permitirían el acceso a la pequeña propiedad.

Otra idea importante era que el Estado debía ser parte activa en la solución del problema agrario. Pi i Margall cuestionaba el dogma de la propiedad individual y la no intervención del Estado. Pero se encontró con que la mayoría del partido no estaba a favor de sus ideas, incluso el propio Garrido que hablaba del mecanismo del asociacionismo como el horizonte del acceso a la propiedad.

Un partido de base urbana

El Partido Demócrata era un partido formado por gente de ciudad, para quien el problema agrario les resultaba muy lejano. El partido estaba muy alejado de la problemática andaluza. Pi i Margall criticaba la desamortización en la misma línea que Florez Estrada, un liberal heterodoxo que planteaba la necesidad de prever una nueva propiedad campesina sobre parte de las tierras puestas en venta. Pensaba también en el método del crédito.

Pi i Margall hizo una crítica tan fuerte al Partido Demócrata que llegó a decir que era el causante de los problemas de la desamortización, y que la amenazaba el aislamiento. Denunciaba el monopolio crediticio de los grandes financieros y defendía la existencia de una clase campesina.

Pi y Margall estaba viendo que una libertad limitada podía evitar caer en una tiranía económica de sectores privilegiados. La intervención del Estado se presentaba como necesaria para asegurar el equilibrio entre derechos colectivos y derechos individuales. Hubo una polémica entre demócratas individualistas y demócratas socialistas que provocó que el interior del partido siguiera siendo extraordinariamente frágil. La lucha por el poder en el partido no se resolvió. Pi i Margall era la persona que llevó más lejos el programa dela democracia y de contacto con el socialismo.

El Krausismo

1868 fue el momento de presentación de toda la capacidad de actuación en el debate de las soluciones que se presentaban al iniciarse el Sexenio Democrático. Los demócratas de cátedra (intelectuales y profesores universitarios) participaron activamente en este debate. El krausismo impactó entre la intelectualidad del siglo XIX en las izquierdas. En 1868 se produjo un auge del krausismo como escuela filosófica. Después derivará hacia otras corrientes.

¿Qué era el krausismo?

Era un sistema de pensamiento que se situó en la órbita liberal, pero que demostró una adaptación inédita hacia los problemas sociales hasta aquel momento. Era una escuela filosófica que trabajaba la epistemología.

En España desde sus inicios se debatió respecto a su praxis social y política. Sin el krausismo no era posible recomponer el recorrido social del liberalismo. Tuvo una gran influencia en la formación de gran parte de los protagonistas de la política del XIX y principios del XX. El krausismo estuvo en los grandes temas de debate del XIX.

Dirigirán aspectos fundamentales en busca de la separación del matrimonio civil y eclesiástico, la libertad de conciencia, el feminismo, la crítica a la Restauración y el regeneracionismo, entre otros. Sin la afiliación krausista no se puede reconstruir el proceso del liberalismo.

¿Cómo surgió el krausismo?

El krausismo surgió de una forma anecdótica. En 1843 se produjo el viaje del profesor Julián Sanz del Río a Alemania, donde se estableció hasta 1848. Tenía una beca del Ministerio de la Gobernación con el objetivo de entrar en contacto con las filosofías europeas del momento para volver a Madrid y ocupar una cátedra de Filosofía en la universidad. Sanz del Río entró en contacto con el filósofo alemán Heinrich Ahrens, discípulo de Karl Krause, ya en aquel entonces fallecido.

Retrato de Karl Krause.
Retrato de Karl Krause.

Ahrens convenció a Sanz Del Río para que estudiara la teoría de Krause. Del Río volvió a España sin ocupar la cátedra. Se retiró diez años para traducir las obras de Krause al castellano y poner en un esquema clave la filosofía krausista. En 1854 Del Río volvió a la universidad y empezó a impartir clases sobre el krausismo. Del Río muere en 1864.

En estas clases se formaron personalidades como Francisco Giner de los Ríos, Gumersindo Azcárate o Nicolás Salmerón. La formulación filosófica del krausismo se basaba en el complejo idealismo hegeliano.

El idealismo hegeliano

Krause elaboró una síntesis que le permitió construir el racionalismo armónico. Consideró que podía presentar una nueva teoría del conocimiento que se podría poner a la práctica en una praxis política inmediata. Hubo un momento en el que los progresistas se presentaron ante los moderados sin ideología. Se entiende así que recurrieran al krausismo para reforzar su discurso. El krausismo tuvo su principal foco de discusión en el Ateneo de Madrid.

¿Por qué escogió Sanz del Río a Krause? Se fijó en una figura menor. Sanz del Río iba con un tipo de problema del que le daba una respuesta perfecta Krause. Krause era la única filosofía política posible para un país que salía de una guerra civil y que se encontraba absolutamente dividido.

Principales ideas del krausismo

El krausismo se debe separar del catolicismo liberal (posibilidad de convivencia entre catolicismo y liberalismo). El krausismo no es catolicismo liberal, es otra filosofía religiosa que parte de unos planteamientos religiosos muy diferentes del catolicismo. La separación krausismo-iglesia se debe a la raíz inicial. Es un planteamiento panteísta (todo es Dios). Se ha discutido mucho sobre la cuestión de si el krausismo es una creación española. El krausismo tiene una influencia en la mampostería.


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