La conversión de Constantino, el Imperio cristiano

La Historia del Imperio Romano y de Europa cambió radicalmente en el año 312 tras la conversión al cristianismo del emperador Constantino.
Imatge destacada

| 25/06/2019 | Última actualización:


Índice de contenidos

La conversión al cristianismo de Constantino (320 d.C.)

El siglo IV fue un momento determinante para la historia del Imperio Romano y del continente europeo. Una decisión personal marcó para siempre el Imperio. El emperador Constantino, en el año 312, decidió su conversión al cristianismo. Adoptó el cristianismo como sustituto del paganismo oficial romano. Y a partir del año 312 el cristianismo se posicionó como la religión del emperador, para acabar siendo unos años más tarde la religión oficial del Imperio. Este hecho fue decisivo y marcó el inicio de una nueva era histórica que se presentó bajo un mismo problema: la incapacidad de separar el poder político y el religioso.

El segundo momento decisivo en el siglo IV se produjo cuando el emperador Teodosio el Grande tomó la decisión histórica de hacer del cristianismo, en especial del catolicismo, la religión oficial del Imperio Romano mediante el Edicto de Tesalónica el 380. Este edicto comportaba el fin de la religión romana tradicional y su prohibición.

A partir de la decisión de adoptar el cristianismo por parte de Constantino, el culto cristiano se fue extendiendo por todo el Imperio. Y en el ámbito administrativo, aparecieron leyes donde se incluían importantes disposiciones religiosas. La expansión del cristianismo tuvo un rasgo característico en Occidente: la organización y centralización de los lugares de culto relacionado con la veneración de los muertos, los santos y las reliquias.

La adopción del cristianismo como religión oficial del Imperio colocaba a los obispos en el centro del poder y les permitía dominar este culto organizado a través de la veneración a los muertos, los santos y las reliquias. El cristianismo fue la proyección en la esfera religiosa de la organización política del Imperio. El santo “Patronus” (una especie de intermediario entre el mundo de los vivos y Dios) tenía que pasar cuentas, recoger impuestos. También era conocido como patrunus la persona encarga de velar de la organización del culto, el obispo.

Emperador Constantino (306-337)
Emperador Constantino (306-337). Fotografía: Bibliothèque nationale de France

La veneración de los muertos no era algo nuevo, la novedad en aquel momento era el culto a los santos organizado por la jerarquía eclesiástica. El culto a los santos era propiciado y organizado por la jerarquía de la Iglesia.

Las conversiones al cristianismo no fueron masivas. Afectaron sobretodo a las familias que más cerca estaban del Estado: conversión de las “élites”. La expansión del culto cristiano fue un proceso muy largo. La doctrina católica no estaba formada del todo.

El inicio del fin del Imperio Romano de Occidente y la llegada de los pueblos bárbaros

¿Quienes eran los bárbaros? No hay nada sustancial que permita tratar la gran diversidad de grupos humanos que había dentro y fuera del Imperio como una misma cosa, a pesar de los intentos de los cronistas latinos por tratarlos como un todo único. Los bárbaros eran grupos humanos con lenguas diferentes, cultos diferentes… Únicamente pueden ser englobados bajo un mismo nombre si eras un cronista romano.

Estos pueblos tenían en común el no ser romanos. No se conoce gran cosa sobre estos pueblos. Lo que sabemos seguro es que eran pueblos dedicados a las migraciones. Y contaban con poder militar. Pero no se sabe porque se movían. Tampoco se explica porque estos grupos mientras se movían creaban formas de poder políticas específicas que desembocaron en dinastías (como en el caso de los visigodos). Tampoco se explica porque se dividieron en diversos grupos.

Invasiones de los pueblos bárbaros
Mapa de las invasiones del Imperio romano: las flechas azules representan las invasiones vándalas. Fuente: Wikipedia.org

El año 410 tuvo lugar el saqueo de Roma, acontecimiento que sacudió el Imperio. Los cronistas lo describieron como un hecho apocalíptico. Provocó la huida del emperador Honorio. La entrada de los bárbaros en Roma tuvo consecuencias importantes en la constitución de la doctrina ortodoxa cristiana. Alarico I fue el responsable del saqueo de Roma.

El rey de los visigodos Alarico pidió al emperador que lo nombrara “magister milirus”, el jefe del ejército. Él quería formar parte del Imperio. Quería establecer conexiones familiares y por eso raptó a Gala Placidia (que era de la familia imperial). La negativa del emperador provocó el saqueo.

Las tropas de Alarico, tras el saqueo de Roma de 410, se dirigieron hacia la provincia de la Galia Aquitania. Allí, en el año 418 se firmó un pacto entre representantes romanos y los godos que se habían instalado en la zona. Este pacto, cuya forma jurídica se conoce con el nombre de hospitalitas, permitía que los godos fueran incorporados al Imperio con un estatus que llamado “foederati“, ya que recibían lo que se llamaba como “foedus“.

¿En qué consistía el pacto del Imperio con los pueblos invasores?

El Estado romano confirmaba a través del pacto el establecimiento de los godos en Aquitania. El pacto permitía a los godos recibir tierras a cambio de prestar fuerzas al ejército imperial. En virtud de este tipo de acuerdo los godos se hacían gestores del Imperio en aquel territorio. Como contrapartida los godos debían organizar los impuestos y las tropas que formaban parte del ejército romano.

Los foederati godos participaron junto al ejército romano en una batalla en el Valle del Ebro contra partidas de campesinos libres desertores conocidos como “bagaudas“. Eran grupos muy heterogéneos formados por fugitivos, gente perseguida, etc. que se organizaba militarmente y podían llegar a ser una amenaza para el Imperio.

Los godos también participaron en la última presencia militar consistente del Imperio en la península Ibérica, en la provincia de la Bética, en el año 421, cuando el Imperio se enfrentó a otros bárbaros, los Vándalos. En esta batalla perdieron los romanos, derrotados por las tropas del rey Genserico. Después de derrotar a los romanos en la Bética, los vándalos llegaron en 425 en las Islas Baleares. Su periplo continuó y en el 429 ya habían llegado hasta el Estrecho de Gibraltar con la idea de cruzar hasta el norte de África, llegando en el año 435 a la ciudad de Cartago, donde fundaron una nueva dinastía.

Genserico fue el auténtico fundador del Reino de los Vándalos, que se extendía por el norte de África y el Mediterráneo, entre el 429 y el 534 d.C.

Reino de los Vándalos
Máxima extensión del reino vándalo (526 d.C.). Fuente original: Wikipedia.org

Los Vándalos habían entrado en el año 409 en la península Ibérica cruzando los Pirineos, junto con los suevos y alanos, en el contexto de una usurpación del poder (pugna por la dignidad imperial). En el 407 alguien sin nada de importancia fue proclamado en Britania emperador por el ejército. Este hombre de condición honesta, conocido como Constantino III, hizo desaparecer la autoridad legítima del emperador en la Galia, donde era probablemente el gobernador, y en 409 envió a su hijo Constante junto con el general Geroncio a Hispania para controlar el paso fronterizo a los Pirineos y para echar a una dinastía que había usurpado el poder.

Los suevos, vándalos y alanos entraron en la Península Ibérica como aliados de Constante, pero en contra de su voluntad proclamaron otro emperador, Máximo, el 408, que duró dos años. Todo acabó mal. A partir de estas usurpaciones del poder el Imperio ya no volvería nunca más a ser el mismo. En 421, cuando estos vándalos derrotaron a los ejércitos imperiales, el Imperio desapareció. Solo quedaba una organización en pie, la Iglesia.

El imperio, cristiano

Cuando en el año 321 el emperador Constantino se convirtió al cristianismo, a partir de ese momento el poder político y el poder religioso estuvo cada vez más unido. Eusebio (obispo y secretario de Constantino) inauguró un nuevo género literario, la crónica. Eusebio escribió la vida de Constantino. Estas crónicas se centraban en describir la vida de las dinastías imperiales.

Las crónicas elogiaban la vida de las dinastías e introducían una nueva manera de contar el tiempo. Constantino un año después de ser proclamado emperador en Oriente el año 325, convocó el Primer Concilio Ecuménico en Nicea. Hasta mediados del siglo V se convocaron concilios en ciudades del Imperio de Oriente como Constantinopla, Éfeso o Calcedonia.

Primer Concilio de Nicea
Primer Concilio de Nicea

Estos concilios tenían como intención de reunir la Iglesia universal, de Oriente y de Occidente. El Cristianismo era mucho más presente en el Imperio Romano de Oriente. La convocatoria de los concilios a partir de Constantino correspondía al emperador, que los presidía y firmaba las actas conciliares.

El ejercicio de la política y la administración de la Iglesia iban juntos. Estos concilios fueron reuniones muy animadas. Se discutían cuestiones fundamentalmente doctrinarias: fijación de los dogmas, persecución de la herejía (en un contexto de grandes tensiones) y discusión sobre la composición divina de Dios (asunto que llevó muchas discusiones), entre otros temas.

Inicialmente la organización del culto cristiano en el Imperio de Oriente seguía la tradición de lo que había hecho San Antonio, originario de Egipto, en el siglo II. San Antonio inauguró la tradición del culto de la retirada del mundo y del ejercicio de la práctica de las actividades más humanas. Hacía una vida de renuncia: castidad y comida.

La práctica de San Antonio se resumía en hacer una vida monástica (una sola persona). Y esta fue la tradición que llegó a Occidente. Estas prácticas podían llegar a ser muy radicales. Enseguida fueron vistas con sospechas por parte de la jerarquía eclesiástica. En el siglo IV aparecieron algunos escritos intentando contrarrestar los accesos de los religiosos.

Los monjes en este periodo se movían continuamente. No trabajaban. Como continuadores de la obra de Dios, reclamaban su sustentación en aquellos lugares por donde se movían. Aparecieron escritos oficiales con el fin de estandarizar las prácticas monásticas. Estos escritos también aseguraban que los monjes tenían que trabajar.

Poco a poco se fijó quien tenía la legitimidad para organizar el culto, que no era otro que la jerarquía eclesiástica. En el momento en que la jerarquía eclesiástica estableció que era la única que podía organizar el culto, cuando aparecía alguien que cuestionaba la jerarquía, se le acusaba de hereje.

Otro de los temas complicados fue el establecimiento del calendario litúrgico. La fiesta cristiana por excelencia era la muerte y resurrección de Jesús. Pero la fijación de las fechas para celebrarlo fue objeto de muchos debates.

La expansión del cristianismo fue un proceso muy dificultoso. En las ciudades fue más fácil por el hecho de ser la religión oficial del Imperio. El cristianismo creó redes de cohesión y de ayuda a los pobres de las ciudades. Toda esta tradición llegó al Occidente del Mediterráneo a través del norte de África.

En el siglo IV ya se produjeron las primeras pugnas entre la Iglesia y los herejes. Fue en este siglo cuando se produjo, en Occidente, una escisión en el seno de la Iglesia entre la Iglesia romana oficial y la Iglesia africana. Muchas veces la Iglesia africana se confunde con la práctica del donatismo, creada por Donato, personaje al que se le atribuye un papel herético importante.

La creación de herejes

La Iglesia necesitaba tener un buen hereje. Se les describe como monstruos físicamente. Se decía que tenían un comportamiento monstruoso en relación con las prácticas sexuales. Se hacía una asociación entre la monstruosidad física y lo que se había formulado ideológicamente.

También se encontraban los “circumcelliones”, que eran grupos entre los que había monjes y que aparte de reclamar una práctica ascética del cristianismo, manifestaban actitudes muy radicales respecto al Imperio (quemaban casas).

San Agustín es el personaje clave en el siglo IV. Tras el saqueo de Roma del año 410, en 430 San Agustín elaboró una importante obra inspirada en este saqueo, bajo el título “La Ciudad de Dios”. San Agustín quería volver a construir una ciudad eterna, indestructible, una Jerusalén celestial.

La Ciudad de Dios de San Agustín no podía ser una ciudad humana. Él quería una ciudad donde todos fueran llamados por el señor pero donde no todos podían tener acceso. Las puertas estarían abiertas solo a aquellos bautizados. San Agustín era un ortodoxo de la Iglesia. Creó el “terror útil”, la violencia.

El papa Marcelino convocó un concilio para unificar las dos iglesias. Aquello se convirtió con un juicio contra la iglesia donatista. La iglesia donatista fue eliminada.

La religión no era un aspecto más de la vida medieval. La Iglesia generó la forma de vida durante la Edad Media. Todos los comportamientos humanos estaban escritos: desde cómo se debían organizar todos los nuevos poderes políticos sucesores del Imperio a la difusión del culto cristiano en Occidente, etc.

En el siglo VI encontramos dos personajes relacionados con un monasterio muy importante en Léning. Todos los obispos francos pasaron por aquel monasterio. En el siglo VI se reflexionaba sobre qué hacer para extender el cristianismo. Los dos obispos más significativos de este debate fueron: Cesário, obispo de Arlés y Gregorio, obispo de Tours. Ambos eran hijos de familias gobernantes de la Francia Merovingia.

Los dos obispos se formaron en el monasterio de Léning. Los monasterios se convirtieron en una etapa más para desarrollar la carrera eclesiástica. Ellos reflexionaron sobre cómo se debía organizar la expansión del cristianismo.

Cesário escribió “La conquista del mundus”. Él quería encontrar la forma de extender el cristianismo fuera de las ciudades. Planteó la conquista.

Por su parte, Gregorio planteó santificar los lugares sagrados presentes en el mundus (los campos). Estos sitios sagrados eran aquellos que no se podían cultivar, ya que eran espacios prohibidos. Los agricultores gestionaban la reproducción de plantas y ganado. Había que instalar una reliquia para santificar ese espacio.

La fijación de las pautas de la reproducción humana

La lengua de las crónicas era el latín. En este momento los obispos estaban implicados en mecánicas políticas, en rutinas de recaudación fiscal (en algunos casos), en la fijación de las pautas de la reproducción humana y en la fijación de pautas estrictas de comportamiento sexual. Hay hoy en día mucha documentación escrita de esta época relacionada con el esfuerzo organizador de estos obispos para elaborar las normas que marcaban la familia.

Las Penitenciarias eran una recopilación de penitencias correspondientes a los tipos de pecados, se estudiaban y se fijaba un calendario ideal con las penitencias.

Días: todas las fiestas religiosas, domingos, viernes, días de Pascua, periodo de menstruación, embarazo, días posteriores al parto. El cumplimiento estricto de estas tradiciones no alteraba la tasa de reproducción humana. Se trataba de conseguir máxima fertilidad con el mínimo placer, único sentido de las relaciones sexuales. Una criatura recién nacida era una criatura impura, por tanto se tenía que bautizar. También el interior de una mujer durante el embarazo era un lugar impuro. Generó gran cantidad de condenas y penitencias.

Todo esto tenía relación con un aspecto principal: la composición familiar de estas sociedades. Durante todos estos siglos y buena parte de la historia moderna, con cronologías muy diferentes, se acabó consolidando la familia nuclear o conyugal (padre, madre e hijos).

Este tipo de familia tenía mucho que ver con los procesos de conquista de los siglos X y XI hacia delante. En la misma medida que se fragmentaba un grupo humano, se fragmentaba su patrimonio, por lo tanto la Iglesia estaba interesada en que hubiera estas familias nucleares y por lo tanto una única herencia. La Iglesia era una gran acumuladora de patrimonio, esto se empezó a consolidar en la Alta Edad Media.

Siglo VI, la desaparición del Imperio en Occidente

Cuatro obispos se reunieron con un comes (alto cargo imperial) y elaboraron unas instrucciones que tenían que dar a los recaudadores donde se decía:

“Debe exigir al pueblo que por cada MODIS (medida) legal, le den 9 siliquas (nombre de moneda romano que los visigodos no utilizaron), por cada Modi agregue 1 siliquas más, por los prejuicios inevitables o mala producción añada 4 siliquas más o bien los 4 siliquas puede ser una tasa aplicada a la misma”.

Silicua de Jovià (363-364)
Siliqua de Joviano (363-364)

Los recaudadores contaban el grano con siliquas. Era una forma de organizar contablemente las medidas.

Esta operación se llevó a cabo de forma regular, pero este procedimiento tenía un problema: no permitía superar la distancia y el tiempo. Nunca estas disposiciones se llevaron a cabo de forma fluida y ágil.

Estas rutinas estaban en la base del poder político y eran bastante similares que en la Época clásica romana. Era muy difícil hacer funcionar este procedimiento. Cuando este procedimiento fue imposible de mantenerlo, el Imperio desapareció.

Al desaparecer Roma, el poder político se tenía que construir de nuevo.


Todos los artículos de este curso: Historia Medieval de Europa

La crisis del siglo III y el colapso del Imperio romanoLa conversión de Constantino, el Imperio cristianoDespués del Imperio Romano: los reinos "bárbaros"

Bibliografía recomendada:

Personajes clave:

No se puede mostrar ningún resultado en estos momentos.


Idiomas disponibles:

Comentarios: