La Guerra de la Independencia española (1808-1814)

La ocupación napoleónica de España desencadenó la Guerra de la Independencia, que terminó en 1814 con la expulsión de los franceses.
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| 30/11/2020 | Última actualización:


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El Primer Imperio Francés comandado por Napoleón Bonaparte tenía como objetivo convertir España en otro de sus reinos satélites de su órbita imperial, como ya había hecho con otros territorios de Europa. La ocupación francesa desencadenó la Guerra de la Independencia española, un conflicto armado desarrollado entre 1808 y 1814 dentro del contexto de las guerras napoleónicas, que enfrentó a las potencias aliadas de España, Reino Unido y Portugal contra el Primer Imperio francés.

Napoleón, aprovechando la debilidad de la monarquía española y de su rey Carlos IV, ocupó el país. Pero no contó con la oposición de una parte de la población que se levantó en armas contra el enemigo invasor. Así fue como empezó el conflicto bélico que en España se conoce con el nombre de «Guerra de la Independencia» o «Guerra del Francés» en Cataluña, entre los años 1808 y 1814.

España y la crisis de la monarquía del Antiguo Régimen

A comienzos del siglo XIX en España se mantenían las estructuras políticas y económicas del Antiguo Régimen. Reinaba Carlos IV desde 1788. Escasamente preparado, sin experiencia y de carácter débil, como monarca solo le interesaba la caza, la carpintería, sus colecciones de relojes, el violín y la pintura.

La Revolución Francesa estalló sin que el monarca español supiera reaccionar a los acontecimientos que estaban sucediendo en el país vecino. Se intentó evitar la introducción de las ideas revolucionarias estableciendo un cordón policial en la frontera de los Pirineos, que tenía como objetivo evitar la entrada de libros y panfletos radicales.

Retrato de Carlos IV. La Guerra de la Independencia
Retrato de Carlos IV

La Guerra contra la Francia revolucionaria

Después de la ejecución del rey Luis XVI de Francia en 1793, España y Portugal declararon la guerra a la Francia revolucionaria. Se iniciaba la Guerra del Rosellón o Guerra de la Convención (1793-1795) que llevó al desastre a España y a su capitulación.

Terminada la guerra, la España de Carlos IV restaba bajo la órbita del Directorio francés, siguiendo con la tradicional alianza contra los ingleses. Una nueva guerra, esta vez contra Inglaterra acabó con la desastrosa batalla de Trafalgar (1805) que hundió definitivamente la potencia marítima española y dejaba al país sin la flota necesaria para defender América.

El ministro Godoy y el tratado con Napoleón

Manuel Godoy, ministro principal de Carlos IV
Manuel Godoy, ministro principal de Carlos IV

Tras la derrota contra los ingleses en Trafalgar, el ministro principal de Carlos IV, Manuel Godoy, enemistado con buena parte de la nobleza, firmó un acuerdo con Napoleón. El Tratado de Fontainebleau de 1807 entre España y Francia estipulaba la invasión y el reparto del reino de Portugal entre el rey español y el emperador francés. Y para ello se permitió el paso de las tropas francesas por el territorio de España.

El motín de Aranjuez y la caída de Godoy

El 18 de marzo de 1808, ante los rumores de que el rey se encontraba en Aranjuez, soldados, trabajadores del palacio real y campesinos, dirigidos por los nobles fernandinos, se alzaron contra el rey. El Motín de Aranjuez acabó con la caída de Godoy y la abdicación de Carlos IV en favor de su hijo Fernando VII.

El Motín de Aranjuez

Las abdicaciones de Bayona

Napoleón, al conocer estos eventos, reunió el 5 de mayo de 1808 a Carlos IV y a su hijo Fernando en Bayona, localidad del sur de Francia. El emperador francés se presentaba como intermediario de los dos reyes. Napoléon obligó a Fernando a abdicar en favor de su padre, y este inmediatamente abdicó en favor de Napoleón, que nombró a su hermano José Bonaparte como nuevo rey de España. Este episodio se conoce como las «Abdicaciones de Bayona».

Abdicaciones de Bayona.
Las Abdicaciones de Bayona en una ilustración de la época.

Tras estos hechos y teniendo en cuenta que en España se encontraban en por aquel entonces 65.000 soldados franceses, el levantamiento popular contra los franceses era cuestión de tiempo. Lo que comenzó como una serie de motines espontáneos, acabó extendiéndose por todo el país.

En abril se produjeron revueltas en ciudades como León o Burgos, pero no fue hasta el 2 de mayo de 1808, cuando se produjo el levantamiento de Madrid, que a partir de ese momento las acciones contra los ocupantes franceses se propagaron por toda España.

Un sector mayoritario de la Iglesia, que consideraba en peligro la religión y la tradición ante la ola secularizadora proveniente de Francia, vivió el levantamiento como una cruzada. El bajo clero fue un eficaz agente movilizador: su agitación y sus proclamas resultaron cruciales para transformar una serie de revueltas aisladas en una acometida general contra los franceses que se extendió con fuerza en medios populares.

La Guerra de la Independencia. Una guerra civil por la libertad de la Nación

El historiador Esteban Canales asegura que el interés de Napoleón por España venía de lejos y tenía como objetivo convertir al país en otro de los reinos satélites a la órbita imperial. Para el también historiador Alberto Gil Novales, la Guerra de la Independencia introdujo en el país la guerra civil, porque en España se vivió un enfrentamiento contra el enemigo francés, pero dentro del bando francés también había españoles.

En 1808 solo había dos opciones: o se estaba a favor de los invasores o en contra de ellos. El carácter de resistencia contra Francia ha ocultado durante mucho tiempo que se trató de una guerra civil.

Dos bandos enfrentados: los españoles patrióticos contra los «afrancesados»

Ante la magnitud de la catástrofe, los españoles se dividieron en dos bandos: los afrancesados, que defendían la opción de Napoleón por creerla modernizadora y los patriotas, que defendían una Nación libre e independiente.

Los afrancesados

Una parte de los españoles pensaron que la inutilidad y amoralidad de la vieja monarquía absolutista debía ser reemplazada, por el bien del país, por la nueva monarquía bonapartista, triunfante en toda Europa.

José I de España, hermano de Napoleón Bonaparte

Según los afrancesados España, por su propia conveniencia, debía apoyar Napoleón, que representaba la protección de Francia y era el país más poderoso de toda Europa. Francia era la promesa de un país moderado e incluso una cierta protección a la Iglesia, evidenciada por el Concordato de 1801.

Para los que pensaban así, José I unía, en una forma feliz, modernidad y tradición. Y podía asegurar la salvaguardia de las colonias americanas. No faltó patriotismo en este bando, que comenzó a ser llamado afrancesado.

Aunque no todos los josefinos actuaron por motivos de generosidad hacia el país: muchos lo hicieron pensando en que sería más fácil subir de categoría social apoyando la nueva dinastía bonapartista. Hubo muchos eclesiásticos entre los afrancesados y minorías cultas.

Entorno a Napoleón y su hermano el rey José I, se congregaron una serie de españoles a los que, equivocados o no, se les negó el más elemental derecho a la existencia. Una vez producida la insurrección nacional contra Napoleón, se descubrió que los franceses tenían partidarios en España. A estos partidarios se les negó todo. Esto es la guerra civil. Los afrancesados eran una minoría, a pesar de no tan pequeña como tradicionalmente se había pensado.

Los patriotas

La mayoría de los españoles estuvieron en contra de la ocupación francesa. El bando de los «patriotas» de 1808 rechazaban la brutalidad del invasor y afirmaban su creencia de que España debía ser un país libre e independiente. Algunos empezaron a pedir que se reunieran las Cortes, no al estilo medieval, sino de toda la nación.

En esta demanda temprana de Cortes los aragoneses destacaron por encima del resto de peninsulares. También el jurista ilustrado Gaspar Melchor de Jovellanos pidió la convocatoria de Cortes, pero llevar esta idea a la práctica sería un proceso largo y complejo.

El papel de las Juntas durante la Guerra de la Independencia

Sin la presencia del rey Fernando VII en territorio español (se encontraba bajo custodia de Napoleón en Francia) y con un rey José I, hermano de Napoleón, no reconocido por la población, por todo el país habían aparecido las Juntas. Eran de ámbito comarcal, municipal y provincial. Se establecieron de forma caótica, sin más norma que la respuesta a la guerra y al invasor. En Aranjuez se estableció la Junta Suprema Central.

Enfrentamientos del 6 de julio de 1808
Enfrentamientos del 6 de julio de 1808

Ante el hecho primario del levantamiento popular, las Juntas fueron el primer instrumento de control de la población. Elegidas por el viejo procedimiento de la aclamación, intentaron también dirigir la guerra y tomaron de hecho la soberanía, incluso para pactar con Inglaterra.

Revolucionarias por su origen, las Juntas no lo fueron por su composición. Interpretadas a menudo como creación del genio de la nación, en su época fueron muy censuradas por su excesivo conservadurismo.

La Junta Suprema Central de Aranjuez

Las Juntas se dieron cuenta pronto de que la unidad del Estado era condición indispensable para ganar la guerra y en septiembre de 1808 crearon la Junta Suprema Central en Aranjuez. La Batalla de Bailén del 19 de julio de 1808 fue una gran victoria nacional. A partir de entonces Napoleón llegó a España para poner orden.

La guerra caótica y desordenada

Se iniciaba una nueva fase en la guerra, de mucha más complejidad si se quiere, que fue la guerra de guerrillas. Las guerrillas realizaban una continua terrible tarea de desgaste y de inmovilización del ejército francés, extraordinariamente importante. El ejército regular no desapareció, pero sus jefes no estaban a la altura de los napoleónicos.

Como ha señalado Andrés Cassinello Pérez, la Guerra de la Independencia fue una guerra caótica, desordenada. La unidad del territorio en la que se combate, la identificación de un único bando enemigo y la coincidencia en el tiempo de las acciones, nos hacen concebir como un proceso unitario lo que realmente constituye un esfuerzo múltiple y desordenado, que solo coincide con la meta común de derrotar a un mismo enemigo y hacerle el mayor daño posible. Anglo-portugueses, guerrilleros y ejército regular español fueron actores de un mismo drama que en pocas ocasiones mantenían un diálogo entre ellos.

Fue una guerra compleja porque desencadenó dentro del país procesos paralelos de gran importancia. Y una guerra muy larga que llevó seis años. La ocupación del país provocó también la colaboración de un sector de la nobleza española. Con la ocupación de los franceses muchos nobles vieron un ataque a los valores tradicionales y por eso lucharon del lado de los patriotas. Y otros vieron en la ocupación francesa la solución a los problemas de España. También fue una guerra ideológica, de propaganda.

Hacia la construcción de una nueva soberanía nacional. ¿Qué pasó con la monarquía española?

La invasión francesa provocó el hundimiento del Antiguo Régimen en España. La monarquía desapareció. Hubo un gran vacío de poder. El conflicto bélico cuestionó el Antiguo Régimen.

Durante la primera etapa de la guerra se defendían los valores propios como el territorio, la patria, la religión y el rey. Fue una guerra de cambios políticos, de revolución. En el bando patriota todos se identificaban con el rey Fernando VII, que se convirtió en el rey «deseado». El rey se mantenía secuestrado en Francia. Todo el mundo tenía la sensación de que los franceses habían impuesto una monarquía que no era española. Por eso hubo una rebelión contra un monarca forastero.

Fernando VII Rey de España. Guerra de la Independencia
Retrato de Fernando VII, el «deseado».

La creación del mito: el rey «deseado»

La Iglesia construyó durante los años de la Guerra de la Independencia la imagen de los franceses como un pueblo antirreligioso, y materialista. Se interpretaba todo desde la óptica de la Revolución Francesa. En contraposición a esta imagen estaba el rey Fernando VII. La figura del monarca unificaba los intereses de todos los españoles. Era el punto de unión. Los clérigos crearon un imaginario colectivo para ensalzar la figura de Fernando VII. Se creó un mito alrededor del rey «deseado».

La guerra llevó a una revolución. En ausencia de la monarquía, el Consejo de Castilla daba órdenes pacifistas, de aceptación a los franceses. Pero las estructuras políticas de la monarquía no funcionaban. El Estado dejó de funcionar. No había jefes militares, el ejército regular estaba desmantelado. Lo que pasó en Madrid el 2 de mayo de 1808 fue una iniciativa popular, del pueblo bajo. Había una inacción absoluta de los militares. Era la anarquía.

La guerra popular contra los franceses

Cuando la gente de provincias se enteró de lo ocurrido en Madrid, el efecto fue amplificador. El territorio se levantó en armas y manifestaron su oposición a la ocupación francesa. La ausencia del poder central real obligó a crear unas nuevas instituciones. Fue el pueblo bajo quien actuó en la formación de las Juntas. Se produjo un traspaso de la soberanía del rey ausente en el pueblo. El levantamiento fue local y regional y obligó a las clases acomodadas y las élites a ponerse al frente de estas Juntas. La sociedad se mantenía todavía dividida en estamentos. Pero las Juntas no hicieron ninguna revolución. Surgieron del vacío de poder. La novedad fue que estas juntas nacieron desde abajo, del pueblo.

La verdadera novedad para España fue que las nuevas instituciones habían surgido como consecuencia de la crisis de la monarquía y su autoridad venía de abajo, del pueblo y actuaban en favor del rey (representaban el rey). Era un movimiento nacional. Por encima del sentido regional de la lucha hubo pronto la necesidad de crear un gobierno central para dirigir la guerra. Por ello la Junta Central asumió el control de la guerra.

Una guerra de guerrillas

La Guerra de la Independencia también provocó el nacimiento de un nuevo ejército popular. ¿Cómo se hizo la guerra? Con los pocos jefes militares que se mantuvieron fieles a Fernando VII. Se tuvo que acudir a las instituciones tradicionales. En Cataluña se organizaron los miqueletes y los somatenes. El ejército tomó un cariz más popular. Del ejército aristocrático se pasó a uno popular.

El bando patriota en la guerra de la Independencia española giró en torno a tres puntos:

Fue una guerra irregular, con unas características propias que la hacen muy compleja de entender.

La debilidad del ejército regular en la Guerra de la Independencia es evidente. La Junta Central no consiguió levantar un ejército que en el mejor de los casos llegaba a los 500.000 hombres. Si Napoleón hubiera concentrado todo su poder militar en España todo apunta a que hubiera ganado la guerra con comodidad. Pero Napoleón tenía abiertos otros frentes en su guerra europea.

Tras la derrota de Ocaña el 19 de noviembre de 1809, el ejército regular español dejó de existir, muchas de sus unidades se deshicieron y huyeron a la desbandada. Por eso a partir de 1810 el papel principal del ejército correspondió al anglo-portugués, comandado por Lord Wellington. De ahí la importancia de la guerrilla en la Guerra de la Independencia.

El pueblo en armas

La guerrilla tenía una organización espontánea. No tuvo en ningún momento un carácter profesional ni un reglamento (no había disciplina) y había diferentes concepciones de hacer la guerra. La estrategia guerrillera se basaba en que cualquier hombre atacaba en cualquier momento. El factor sorpresa era clave.

Guerra de la Independencia
Las guerrillas combaten contra el ejército napoleónico.

Fue una guerra de desgaste más que de retaguardia. El líder era muy importante porque tenía una autoridad. La guerrilla no actuaba dentro del ejército sino en zonas montañosas y obtenían los recursos directamente de la población civil, a veces por la fuerza. No había uniformidad, con una organización muy particular según el territorio.

Se pasó de un ejército real controlado por los nobles, a una guerra donde no había un orden jerárquico claro. El ejército que salió de la guerra en 1814 era muy diferente al de 1808. Era un ejército más popular. Muchos guerrilleros fueron hacia la ideología liberal, otros a la carlista. El tema de la guerrilla fue fundamental en todo el siglo XIX.

La guerrilla obligaba a la contra-guerrilla. La guerrilla es la imagen del pueblo en armas. En la guerrilla no había disciplina. ¿Eran bandidos? La historiografía actual tiene una divergencia absoluta. Se había puesto énfasis en que gracias a la guerrilla se había ganado la guerra, pero no es cierto. Existe una línea de investigación que cree que todos los guerrilleros eran bandidos. Otros ven en la actuación del guerrilla un hecho muy favorable para la guerra.

La defensa de la Nación que hizo posible la derrota de Napoleón

Hay unanimidad en creer que la gran aportación para ganar la guerra la hicieron los guerrilleros porque hicieron posible que el proyecto de Napoleón de controlar el territorio fuera imposible. Los franceses no pudieron controlar más el territorio. No todos los guerrilleros eran bandoleros.

En el fondo era una lucha por la supervivencia, no había ideas románticas. El ejército que salió de la guerra era de base popular. No defendían la figura del rey sino la nación. A partir de 1814 tuvo una forma diferente. La idea de la defensa de la Nación y un nuevo orden político a través las armas se forjó durante la guerra. El deber era defender la nación.

Los desastres de la guerra

Francisco de Goya, serie de dibujos sobre «los desastres de la guerra»

La Guerra de la Independencia. Goya
La Guerra de la Independencia. Goya
La Guerra de la Independencia. Goya
La Guerra de la Independencia. Goya
Los Desastres de Goya, durante la Guerra de la Independencia


La guerrilla como técnica de guerra

¿Por qué fue importante la guerrilla durante la Guerra de la Independencia? La guerra fue consecuencia de una invasión exterior. En el momento en que estaban tambaleándose las estructuras políticas del país, la guerrilla tuvo una significación importante. De alguna manera la guerrilla fue uno de los grandes obstáculos que encontró Napoleón. La palabra guerrilla tiene una concepción nueva, pasa a todos los vocabularios europeos.

La guerrilla fue la lucha armada de civiles encuadrados de forma irregular, contra un enemigo invasor. En España, contra un Gobierno ilegal que había usurpado el poder legítimo. La guerrilla durante la Guerra de la Independencia llegó a simbolizar el prototipo de guerra subversiva o revolucionaria que expresa su contenido social, el de la guerra popular. Más que de frentes y grandes batallas la Guerra de la Independencia española se convirtió en una guerra irregular, donde no había ejército regular allí estuvo presente la guerrilla. Su finalidad era el ataque a los enemigos e impedir el control de este sobre el territorio.

El espíritu patriótico

La técnica de la guerrilla ya era conocida en 1808, pero su originalidad estuvo en el contexto en que tuvo lugar en medio de la crisis del Estado absolutista y de las guerras napoleónicas.

Se ha intentado ver hasta qué punto la acción guerrillera fue decisiva para la victoria patriótica a la guerra. Más allá de los efectos positivos de sus acciones, la guerrilla ayudó a mantener el espíritu patriótico entre la población española, reuniendo a los soldados dispersos y los desertores, restando elementos colaboracionistas a los franceses mediante la presión psicológica o la intimidación y atemorizando a los soldados franceses en todo momento. La guerrilla, según el historiador Antoni Moliner, se convirtió en la gran protagonista de la guerra en la retaguardia.

Un tema que tradicionalmente ha tratado la historiografía sobre la Guerra de la Independencia ha sido asimilar este periodo como el mito fundador de la memoria y la historia de España. La guerra contra los franceses se convirtió con el paso del tiempo el mito creador de carácter heroico en un país necesitado de héroes. La guerra de 1808, a diferencia de las guerras carlistas posteriores, se reveló como una guerra de unanimidad, instrumento de nacionalización cultural ya la vez de sentimientos compartidos, escribió la historiografía tradicional.

La Guerra de la Independencia en su complejidad

Al final de este largo recorrido, podemos constatar que la Guerra de la Independencia es en su conjunto un periodo de gran complejidad. Por un lado la guerra comportó unas difíciles y conflictivas relaciones entre los civiles que sufrieron la guerra y quienes desde una u otra posición estaban obligados a defender con las armas en la mano del invasor y ocupante francés. Junto al conjunto de héroes individuales y colectivos que los historiadores de las décadas siguientes se encargaron de legar a la posteridad, existió una realidad más prosaica.

Como ha afirmado el historiador Esteban Canales, poner de relieve estos hechos debe ayudar a construir una interpretación más cercana a la percepción que de la guerra tuvieron que, protagonistas a su pesar, vieron vidas y haciendas afectadas por ella.

Absolutistas contra revolucionarios

El desprestigio que sufrió el ejército regular durante aquellos años allana el camino a la reforma de sus estructuras y reducción de sus competencias emprendida por los gobiernos liberales en el siglo XIX. También contribuyó a la decepción de unos jefes y oficiales que se sentían injustamente tratados, con el resultado de prepararlos para la aceptación del retorno del absolutismo en 1814.

El desarrollo de la guerrilla como método alternativo o complementario de lucha, con parte de sus integrantes desligados de las tareas habituales y acostumbrados a vivir a costa de la población, conllevó la existencia de un contingente de personas de difícil adaptación al nuevo marco de paz, con el resultado de la proliferación del bandolerismo en los años siguientes.

La decantación pro absolutista los mandos militares y el recrudecimiento de la actividad bandolera como secuelas de la guerra han sido observados y comentados por varios historiadores. Más desapercibidos han pasado los efectos que sobre el ánimo de la población produjo el cansancio de la guerra.

Porque, además de favorecer posiciones de mayor cautela o acomodo que no excluir la persistencia de la animosidad contra los franceses, la continuidad de un conflicto que agotaba vidas y recursos probablemente aumentar las esperanzas puestas en el retorno del Deseado como remedio de tantos males e hizo más difícil la tarea de los que intentaban poner condiciones.

Las Cortes de Cádiz (1810-1814). Punto culminante de la Guerra de la Independencia

Las Cortes de Cádiz representaron, por primera vez en España la nación, ya que sus miembros fueron elegidos por el pueblo a través de las Juntas. Había representantes de toda clase: el grupo más numeroso eran los eclesiásticos, seguidos por los militares. También había un grupo considerable de profesionales y funcionarios. La mayoría eran liberales.

El juramento de los diputados a las Cortes de Cádiz en 1810

Estas cortes fueron convocadas en octubre de 1809 por la Junta Central Suprema. Una vez reunidos los cerca de trescientos diputados, entre las primeras decisiones que se promulgaron fueron los decretos relativos a la Soberanía Nacional, la división de poderes, la igualdad y la legalidad o la libertad de imprenta.

Todo esto puso las bases para el desarrollo del Estado liberal, así como el fin del antiguo Régimen y el inicio de un nuevo tiempo para los súbditos peninsulares e hispanoamericanos. Estos decretos sirvieron como modelo y base de numerosas Constituciones europeas posteriores.

Las Cortes de Cádiz hicieron una importante labor legislativa, que se puede agrupar en 3 ámbitos:

La Constitución de 1812

Fue la primera ley fundamental española escrita, aprobada el 19 de marzo de 1812. Tiene un carácter inequívocamente liberal, a pesar de encontrarse algunas ideas tradicionales. La Constitución de 1812 garantizaba la libertad de pensamiento y de opinión, la igualdad de los españoles ante la ley, el derecho de petición, la libertad civil, el derecho de propiedad y el reconocimiento de todos los derechos legítimos de los individuos que formaban la nación española.

Esta nación era definida como la reunión del conjunto de todos los españoles de ambos hemisferios, es decir, los territorios peninsulares y las colonias americanas y no era patrimonio de ninguna familia ni persona.
A grandes rasgos la Constitución contenía los siguientes puntos:

La derrota de Napoleón en la Guerra de la Independencia

A mediados de 1812 el transcurso de la guerra es desfavorable a Napoleón, que también sufre fuertes derrotas en Rusia. El mariscal Duque de Wellington, al mando de las tropas aliadas (españolas, inglesas y portuguesas), comienza a obtener victorias en la península, con la victoria en la batalla de los Arapiles (Salamanca) que marcó el inicio de la retirada francesa.

Las derrotas de las tropas francesas motivaron que José I abandonara Madrid en marzo de 1813 iniciando el descenso del dominio francés en la península. Sus últimas ofensivas francesas en España fueron rechazadas por Wellington en la batalla de Sorauren y por el general Manuel Alberto Freire Andrade Armijo a la Batalla de San Marcial.

Con la firma del Tratado de Valençay, el 11 de diciembre de 1813, la Corona española volvía a Fernando VII. El 7 de marzo de 1814 ya fue autorizado a volver a España. Su regreso lo hizo el día 22 de marzo de 1814. Se ponía fin así a la Guerra de la Independencia y se iniciaba un nuevo período para la historia de España, con el restablecimiento del absolutismo por parte del rey Fernando VII, el «deseado«.

Decreto del rey Fernando VII de España por el que suprime la Constitución Española de 1812 o de Cádiz y los decretos de las Cortes que atentan a los derechos y prerrogativas reales. Marca de iure el retorno al absolutismo. Aprobado por el rey el 4 de mayo de 1814 en Valencia, reimpreso por Vicente Oliva (Impresor Real) en 1814 en Girona. Documento escaneado por la Biblioteca de la Universidad Pompeu Fabra.


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