La expansión del gran capitalismo industrial

El capitalismo industrial es una nueva fase del sistema económico capitalista, que se desarrolla a lo largo del siglo XIX.
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| 17/06/2019 | Última actualización:


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El capitalismo de tipo industrial fue una nueva fase del desarrollo del sistema económico capitalista, que se desarrolló a lo largo del siglo XIX a partir de las revoluciones liberales y tecnológicas iniciadas a finales del siglo XVIII. Con esta nueva etapa se superó la fase del llamado capitalismo comercial, también conocido como mercantilismo, que se originó a partir de finales del siglo XIV y se prolongó hasta la llegada del capitalismo industrial.

La revolución agrícola como antecedente del capitalismo industrial

Entre los años 1850 y 1914 se desarrolló y consolidó el capitalismo de tipo industrial en Europa. Fue una época de crecimiento económico gracias a los cambios políticos y tecnológicos que se habían producido en el continente. Pero para que se pudiera desarrollar el capitalismo industrial, se tenían que cumplir una serie de requisitos, entre los cuales uno de los más importantes era que se hubiera dado un proceso de expansión y especialización agraria.

Primera etapa: la revolución agrícola (final del siglo XVIII – principios del siglo XIX)

El aumento de la producción y la productividad en el campo, gracias a la aplicación de innovaciones técnicas, provocó un crecimiento de la demanda, de los precios y de los beneficios. Todo esto estuvo motivado por el crecimiento demográfico.

El crecimiento de la industria en el siglo XIX se produjo gracias al crecimiento agrícola, o sea, a la revolución agrícola iniciada a finales del siglo XVIII y continuada durante el XIX especialmente en Inglaterra y después en la mayoría de países de Europa. La revolución agraria tuvo como características principales:

Mecanización del campo
La mecanización del campo en el siglo XIX, gracias a la fuerza de los animales, fue un punto clave para el crecimiento de la producción.

La revolución agraria provocó el aumento de la producción y la productividad en el campo. Y también la especialización de los cultivos, con un fuerte componente geográfico. Este proceso fue posible por el crecimiento de la demanda (ponía a disposición de la población más alimentos y más mano de obra). 

El campo daba más productos y más población. La introducción del capitalismo en el campo supuso la liberación de la mano de obra campesina, que se podía dedicar a otras tareas (actividades industriales).

Segunda etapa: expansión industrial (siglo XIX)

La expansión industrial se dio en aquellos lugares donde se produjo previamente un crecimiento y especialización de la agricultura. Siguiendo el modelo de revolución industrial inglesa, este se trasladó al continente. Los capitalistas europeos adoptaron la maquinaria inglesa, la forma de producir… Se optó por copiar el sistema inglés, pero adoptando una cierta fisonomía según cada economía nacional. El papel del Estado determinó fuertemente la política económica de cada país (liberalismo, proteccionismo…).

Los procesos de industrialización parecen iguales en todas partes, pero tienen una fisonomía diferente. Durante la segunda mitad del siglo XIX se generalizó la industrialización:

Los transportes y las comunicaciones

El siglo XIX trajo grandes mejoras en los medios de transporte, gracias a la llegada de la máquina de vapor en el ferrocarril y en el barco. También se produjeron mejoras en las vías de comunicación.

Ferrocarril

El ferrocarril representó una autentica revolución técnica. Su construcción y desarrollo, durante la segunda mitad del XIX, fue un importante estímulo a la producción siderúrgica y la mecánica.

El ferrocarril era un magnífico medio de transporte para mercancías en tonelaje. Permitía llegar a lugares donde hasta ese momento no se podía llegar. Facilitaba el crecimiento en el tráfico de pasajeros y su movilidad. Junto a las redes ferroviarias, se mejoró la red de carreteras. El tren nunca perjudicó a los carreteros. Aseguraba el suministro de alimentos en las grandes ciudades y el transporte de las mercancías en los lugares industriales.

Estación Pimlico de Londres en 1860

El nuevo medio de comunicación permitió profundizar en los cambios en la agricultura y favoreció su especialización. Además el ferrocarril tuvo un impacto cultural enorme. Formó parte de la cultura del XIX.

Barco a vapor

Las consecuencias de la introducción de la máquina de vapor en la navegación marítima fueron trascendentales y significaron un fuerte estímulo a la construcción de grandes barcos. El vapor aumentó la velocidad y la seguridad en los viajes. La velocidad era una pieza fundamental que no tenía la navegación tradicional. Tuvo una gran incidencia en la agricultura a escala mundial, ya que el transporte permitía la especialización agrícola a escala internacional. Y facilitó la articulación del mercado agrícola y ganadero estadounidense.

También fue un estímulo a las migraciones transoceánicas. Además, implicaba la construcción de los puertos e instalaciones portuarias modernas. Por último, como en el caso del ferrocarril, el barco a vapor tuvo una implicación cultural de gran alcance. Formaba parte del día a día de las ciudades.

Nuevas rutas de comunicación

A lo largo del siglo XIX se construyeron caminos y carreteras por toda Europa. También se mejoraron los ya existentes. Estas vías de comunicación debían conectar los centros industriales y comerciales. También se emprendieron mejoras de los canales fluviales:

Telégrafo

Se comenzó a desarrollar primero la telegrafía con hilos y luego sin. El primer cable submarino es de 1866. El ingeniero italiano Guglielmo Marconi fue el inventor del telégrafo inalámbrico (1891-1892).

Sello

A partir del siglo XIX se empezaron a crear las compañías nacionales de correos. La figura del sello surgió en 1840 en Inglaterra. El sello introdujo un cambio cualitativo y cuantitativo enorme, sin ningún precedente en la historia.

El comercio internacional y las políticas comerciales de los estados

La expansión del comercio dependió en gran medida de la tendencia política económica de cada estado. Porque sobre el comercio los estados legislaban siguiendo una determinada tendencia económica que le afectaba enormemente. En el siglo XIX el comercio se convirtió en una política de estado y cada gobierno seguía una tendencia económica diferente según sus intereses:

Tendencias comerciales durante el XIX:

Durante la primera mitad del siglo XIX y hasta 1860, la política determinante en Europa sobre el comercio era el proteccionismo. Pero Gran Bretaña, en cambio, apostaba por el libre comercio. Y eso hizo cambiar el escenario en Europa, que durante la segunda mitad del siglo XIX se pasó al librecambismo.

En 1860 se firmó el Tratado Cobden-Chevalier (acuerdo comercial entre Francia y Gran Bretaña) que establecía una zona de libre comercio con productos sin aranceles entre las dos naciones. Este tipo de acuerdo era de una enorme importancia y a lo largo del siglo XIX se firmaron otros por toda Europa. Los países comenzaron a colaborar entre ellos a otros niveles:

También se introdujo la cláusula de «nación más favorecida», por la que si Bélgica y Francia pactaban entre ellas, cualquier estado que hubiera pactado con alguno de los dos estados anteriores se convertía en colaborador del otro.

Viernes Negro en la Bolsa de Viena el 9 de mayo de 1873

El período librecambista hizo cambiar las relaciones comerciales entre los países. Pero a partir del 1870 (1873-1896 Gran Depresión), se produjo un cierto retorno a la política proteccionista. La crisis económica de finales de siglo hizo volver ciertos planteamientos proteccionistas, motivados por:

Capitales, bancos e inversiones

Los negocios y las inversiones propiciaron el crecimiento económico y el desarrollo del capitalismo a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX. Para hacer inversiones y negocios dentro del capitalismo se desarrollaron una serie de instrumentos, nuevos o que ya eran existentes: la Bolsa como lugar de especulación para hacer dinero y la gran banca comercial (nacen los grandes bancos nacionales).

En el capitalismo no hay límites morales. Los estados promovieron cambios legislativos para adecuar las estructuras financieras a las inversiones que las clases burguesas necesitaban realizar para la buena marcha de sus negocios. En el siglo XIX se crearon los bancos nacionales con el objetivo de regular el sistema bancario, la política monetaria (instrumento de la política económica) y el marco legal nacional y expansivo.

El centro financiero más importante en el siglo XIX era Londres.

Las nuevas formas de empresa y de organización del trabajo

Las empresas cambiaron. Se fue hacía la concentración en la estructura empresarial. Las empresas familiares se transformaron en sociedades anónimas, sociedades limitadas o multinacionales, con el fin de captar más capital. A finales del XIX encontramos el boom de la concentración empresarial. Buscaban conseguir el control del mercado. Y también se produjeron cambios en la organización del trabajo: se introdujo la «organización científica» para aumentar la productividad. Procesos de trabajo diferentes: trabajo en cadena, taylorismo

Etapas de la evolución económica en el siglo XIX

Primera etapa. 1816-1848: el inicio del cambio

Esta etapa se caracteriza por un desarrollo económico lento del capitalismo y de la industrialización, aún en una fase muy inicial. Dificultades de este periodo:

Segunda etapa. 1848-1873: aceleración de la expansión económica

Durante la parte central del siglo XIX tanto el crecimiento económico acelera la expansión y el crecimiento del capitalismo. Esta etapa estuvo caracterizada por diferentes puntos:

Estos elementos influyeron en el crecimiento económico (elementos de tipo cuantitativos) pero también hubo elementos cualitativos, como aquellos de tipo sociales y políticos. El mundo de las revoluciones de 1848 fracasó, pero a partir de 1848 todo fue diferente: se abrió paso una sociedad más burguesa. Los beneficiarios no siempre fueron aquellos que participaron en las barricadas.

Tercera etapa. 1873-1896: la Gran Depresión

La Gran Depresión de 1873-1896 fue la primera gran crisis del sistema capitalista. Produjo una fuerte desaceleración económica, reducción económica y el inicio del declive económico británico. Características fundamentales:

Cuarta etapa. 1896-1914: cambios económicos

La última etapa, que se inicia a finales del siglo XIX y alcanza hasta el estallido de la Primera guerra mundial, es de recuperación del crecimiento económico: cuantitativo y cualitativo. Hubo tres grandes elementos que lo hicieron posible:

Los cambios tecnológicos estimularon el mercado, lo hicieron crecer en el interior y en el exterior. La gente compraba más cosas y esto generó el consumismo, gracias a que se amplió la capacidad adquisitiva. Por otra parte, el expansionismo colonial e imperial europeo permitió colocar la producción europea en más partes del mundo.

Los cambios en las formas empresariales y los cambios tecnológicos de finales del siglo XIX llevaron hacia la Segunda Revolución Industrial. Aunque fue un proceso desigual:

Allí donde se dio la segunda revolución industrial se produjo la concentración y fusión de empresas, la ruptura con las leyes del mercado y una relación cada vez más clara entre el capitalismo industrial y financiero, entre los bancos y las empresas. Las nuevas formas de organización del trabajo llegaron con el fin de hacer que el capital fuera más productivo, que los trabajadores fueran más productivos, y que aumentara el consumo.

Pero en la agricultura se produjo un cierto retorno al proteccionismo con el cierre de fronteras. Se intentó reducir los costes en la producción de la agricultura europea a través de la mejora técnica y el uso de nuevas tecnologías. También a partir de cambios en ciertos hábitos de nuestra dieta. Pero tuvo un gran coste: la expulsión de gente del campo que se vio obligada a emigrar a la ciudad.

Los cambios demográficos y las grandes migraciones

El siglo XIX fue una etapa de crecimiento demográfico. Se dobló la población en todo el planeta. ¿Cuál fue la región que más creció? El continente europeo fue el que más creció, pero Asia era el continente más poblado.

También se produjo el crecimiento de población en las colonias europeas y en los territorios que habían sido anteriormente colonias. Norteamérica era, en sentido demográfico, un continente eminentemente europeo. Pero el crecimiento demográfico del siglo XIX fue básicamente en el continente europeo. Esta población en crecimiento pudo marchar a otras partes del planeta.

¿A qué se debió el crecimiento de la población en el siglo XIX?

Las grandes migraciones

Mapa de las migraciones europeas en el siglo XIX
Mapa de las migraciones europeas en el siglo XIX

El fenómeno más importante en relación con la demografía del siglo XIX fue el hecho migratorio, que fue el más importante de la historia de la humanidad. Fue un movimiento migratorio de Europa fundamentalmente hacia América. El punto de llegada era la ciudad de Nueva York. Los números son los siguientes:

Fue un movimiento de 50 millones de personas que llegaron a América. Entre el siglo XIX y la primera mitad del XX la llegada de emigración se distribuyó de la siguiente forma:

Factores que explican el fenómeno migratorio:

La emigración importante empezó en los años 1840 como consecuencia de «la crisis de las patatas» en Irlanda. A principios del siglo XX fue el momento más álgido. A partir de 1929 el crack financiero fue fulminante.

En cuanto al origen de los emigrados, en 1840 eran irlandeses y muchas familias alemanas. A finales de siglo XIX los inmigrantes europeos provienen de la Europa del este, de Italia y Grecia. En cambio en el siglo XIX la inmigración proviene de China y Japón.

La ciudad, protagonista de un mundo nuevo

En el siglo XIX las ciudades fueron los espacios que más crecieron al recibir la población proveniente del campo. El proceso de urbanización de Europa fue brutal. Fue en las ciudades donde se vivieron las transformaciones económicas, culturales y sociales del siglo XIX. La ciudad se convirtió en protagonista. Londres era la gran ciudad del mundo en el XIX. La segunda era París.

The Royal Exchange and the Bank of England, London
The Royal Exchange and the Bank of England, en el siglo XIX. Londres

¿Por qué la ciudad creció en la nueva sociedad moderna? Básicamente por las transformaciones económicas del siglo XIX. En la ciudad se concentraba la industria, el comercio, los servicios, la bolsa, los puestos de poder, la administración… Todo pasaba, en la nueva sociedad, por la ciudad.

Pero a la vez que crecieron las ciudades, también se produjo un proceso de segregación urbana. El precio del suelo variaba según el tipo de uso que se le daba. Se segregó a la población urbana según su renta. La burguesía abandonó los centros históricos y se desplazó hacia los ensanches. Ocurrió a lo largo de siglo XIX en ciudades como Barcelona, ​​París, Londres…

Las ciudades crecieron devorando los territorios que le rodeaban. El problema de la gran extensión geográfica de la ciudad solo se podía paliar con el transporte público. El tren se convirtió en el metro. El primer metro, de 1863, estaba en Londres. A Paris llegó en 1900. Implicó una de las construcciones más grandes de la historia.

La clase trabajadora que venía del campo se concentraba en los barrios populares de las ciudades, con muy malas condiciones de vida.

La pobreza en el mundo urbano fue un fenómeno muy masivo. Los trabajadores, a pesar de tener un trabajo, eran pobres. El pobre trabajaba mucho pero en malas condiciones y cobraba muy poco. La pobreza era culpabilizada. Eran pobres aquellos que no querían trabajar.

Sociedad, cambios sociales y movimiento obrero

La concentración urbana y los cambios en el mundo laboral provocaron la emergencia de nuevas realidades sociales. Los cuatro grandes grupos sociales del siglo XIX eran: la aristocracia, la burguesía, los campesinos y los obreros.

La diferencia entre la primera parte del siglo y la segunda fue en el mundo obrero, que no adquirió una gran importancia hasta la segunda mitad del XIX, mientras que el mundo rural y los campesinos iba desapareciendo.

Durante la primera parte del siglo XIX la aristocracia y la burguesía estaban desunidas. En la segunda mitad del XIX hubo una lenta unión entre la aristocracia y la burguesía en un proceso de cierta confluencia entre los dos sectores. La burguesía se aristocratizó y la aristocracia imitó a la burguesía. La ópera y las universidades fueron a partir de aquel momento para los burgueses. En el siglo XIX la burguesía construyó sus propios espacios de socialización con elementos de aristocratización.

Burgueses admiran la iluminación pública de las calles en Londres en el siglo XIX
Burgueses admiran la iluminación pública de las calles en Londres en el siglo XIX

En cambio, en el siglo XIX la clase obrera era muy heterogénea, porque estaba formada por grupos muy diversos:

El historiador inglés E. P. Thompson, a su clásica obra «La formación de la clase obrera» describió el proceso que siguieron las clases populares para llegar a su organización como movimiento social:

El capitalismo llevaba a la industrialización, que creó el obrero (con condiciones de vida y de trabajo pésimas y sus tradiciones). Al obrero el trabajo en la fábrica le permitió adquirir una conciencia de clase (influenciados por los ideólogos) y a partir de ahí actuar, que hizo que se empezase a afiliar a los sindicatos para mejorar sus condiciones de vida (sindicatos que planteaban el cambio de sistema capitalista: la revolución).

En la segunda mitad del XIX las condiciones de vida de la clase obrera comenzaron a mejorar en algunos aspectos, aunque tímidamente: gracias al aumento del salario real y a la tendencia a disminuir la jornada laboral. Todo esto se fue ganando gracias a la lucha del movimiento obrero.

Cuando alguno de los partidos y organizaciones obreras comenzaron a forzar la implantación del sufragio universal hubo un interés por parte de los estados para cuidar este electorado y fue entonces cuando se empezaron a introducir algunos elementos de la sociedad del bienestar: en la Alemania de Weimar nacieron las mutualidades, las sociedades cooperativas…

La Primera Internacional

A partir de 1850 la doctrina marxista empieza a adquirir importancia. Se desarrolla muchísimo el sindicalismo como forma de organización de la clase obrera. En 1864 se creó la Asociación Internacional de Trabajadores o Primera Internacional, como consecuencia de la constatación de la internacionalización del sistema económico capitalista y del darse cuenta, los ideólogos del socialismo, de que la única forma de lucha contra el capitalismo era mediante una organización de escala internacional. La Primera Internacional supuso la ruptura entre Marx y Bakunin alrededor del debate sobre cómo se debía hacer la revolución (la lucha entre marxistas y anarquistas acabó con la expulsión de los seguidores de Bakunin de la Primera Internacional).

Imagen de la Primera Internacional reunida en Ginebra 1866
Imagen de la Primera Internacional reunida en Ginebra en 1866 durante el I Congreso de Ginebra.

La Segunda Internacional

La Primera Internacional se disolvió en 1876. Un nuevo intento de agrupar todas las organizaciones obreras se produjo en 1889. En el seno de la Segunda Internacional se llevó a cabo un intenso debate entre los revisionistas y los ortodoxos.

Revisionistas

Este sector de la Segunda Internacional comienza a revisar la propia teoría revolucionaria de Marx y a ponerla en duda. Marx había augurado que el capitalismo entraría en contradicción y se acabaría descomponiendo. Parecía que esto podía producirse en aquel momento debido a la crisis económica de finales de siglo XIX. Lo que no había tenido en cuenta Marx era que la crisis económica se solucionó a través del imperialismo y rompiendo con las leyes del mercado: la concentración de empresas y reservando espacios coloniales.

Los revisionistas también pusieron en discusión el término revolución. Proponen el término de reforma. Este grupo hablaba de reformar el capitalismo. Ya no ponían en duda el sistema capitalista, más bien reclamaban unas mejoras. El mal del capitalismo era que creaba desigualdades. Esta fue la base de la socialdemocracia. Las desigualdades se podían eliminar por la actuación del estado y los impuestos.

Ortodoxos

El núcleo que se mantenía fiel a las tesis de Marx defendía que el capitalismo era el núcleo de la explotación.

Dentro de la Segunda Internacional la división entre revisionistas y ortodoxos acabó con la salida de los ortodoxos y la fundación del movimiento comunista. Para los ortodoxos, se debía llegar a conquistar el Estado a través de la revolución para acabar con el capitalismo.

Hubo dos temas que el movimiento obrero no pudo superar: el imperialismo y el pacifismo. Acordaron ser anti-imperialistas, pero la realidad era una contradicción, ya que el colonialismo llevaba riqueza y ofertas de trabajo además de un orgullo patriota. Se declararon pacifistas porque se veía que había una escalada de armamento en los estados.

Cuando llegó la Primera Guerra Mundial todo esto saltó, hasta el punto de que los partidos socialistas entraron por primera vez en los gobiernos burgueses.

Condición de la mujer y orígenes del feminismo

La mujer en una sociedad de antiguo régimen estaba condenada a una situación de menosprecio. La cultura judeocristiana y la tradición confería a la mujer dos tipos de trabajo (todo en un mismo espacio, el hogar rural):

La mujer en una sociedad industrial, también estaba condenada a una situación de menosprecio por la tradición de las culturales anteriores y las nuevas: porque estaba menos pagada, obligada a realizar trabajos no especializadas y era mal vista por el hombre.

En la ciudad las mujeres hacían dos tipos de trabajo (espacio separado):

El camino hacia la emancipación femenina paraba por las aportaciones ideológicas de la Revolución francesa e Inglaterra. La primera ola del feminismo, cuando se articuló, denunciaba:

¿Como se organizaron las mujeres para reclamar sus derechos? A través del sufragismo, la reclamación del derecho a voto (por la vía reformista o la de los sabotajes de tipo radical). El sufragismo surgió a finales del siglo XIX y principios del XX.

El voto de las mujeres, para el Estado, era impensable porque se temía que la superación del «rol de género» (quedarse en casa) rompiera la cultura dominante de los hombres. No se quería «romper la familia» ni «la estabilidad». El patriarcado no lo aceptaba.


Todos los artículos del curso: Historia Contemporánea de Europa (siglos XIX y XX)

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