El Cisma de Occidente (1378-1417)

Entre 1378 y en 1417 la Iglesia vivió un período de crisis durante el cual hasta tres papas rivales se disputaron el reconocimiento y la legitimidad en la Cristiandad.
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| 03/05/2020 | Última actualización:


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Entre los años 1378 y 1417 la Iglesia vivió un período de crisis durante el cual hasta tres papas rivales se disputaron el reconocimiento y la legitimidad en la Cristiandad. La división en la Iglesia comportó la existencia de hasta tres papas: uno establecido en Roma, un segundo en Aviñón e incluso un tercero en Pisa (a partir del 1409).

El cisma de Occidente fue fruto de la división por razones de obediencia religiosa entre naciones, órdenes religiosas y simples fieles. El cisma se resolvió finalmente con la celebración del Concilio de Constanza (1414-1418).

La secularización de la teoría política: las monarquías autoritarias y las transformaciones del estado

La crisis de la Iglesia coincidió con el momento más duro de la crisis económica y social de la Baja Edad Media en Europa. El inicio de las disputas en el interior de la Iglesia empiezan en 1294, cuando se produjo la renuncia voluntaria del papa Celestino V pocos meses después de su nombramiento. Su sucesor fue Bonifacio VIII, un personaje convencido de las prerrogativas papales.

Bonifacio VIII era un Papa gregoriano que consideraba que el poder espiritual debía situarse por encima del poder temporal (los reyes). Una de las primeras acciones de su pontificado fue la publicación de la bula Clericis laicos (los clérigos laicos). Era un ataque velado contra el rey Felipe IV de Francia. El Papa criticaba a aquellos que se quedaban con los tributos que pertenecían a la Iglesia, como el caso de los diezmos. Felipe IV lo hacía, ya que consideraba que el Estado era la institución más importante. Se reproducía la disputa de los poderes universales de tiempos pasados.

Hacia el 1300 el conflicto rebrotó entre la Iglesia y la monarquía francesa. Un consejero real francés acusó el obispo de Poitiers de traición, ya que supuestamente mantenía contactos con los ingleses (este hecho fue el prólogo a la Guerra de los Cien Años). El obispo fue encarcelado. El Papa reaccionó y redactó la bula Unam Sanctam.

En un momento en que el poder de las monarquías estaba en auge, la bula papal Unam Sanctam reforzaba la idea de la hegemonía universal de la Iglesia, lo que para los reyes era algo anacrónico («las criaturas solo se pueden salvar si se someten a la autoridad del Papa«). La reacción de Felipe IV fue furiosa. Intentó desacreditar al Papa, pero no lo consiguió. Entonces preparó una emboscada y capturó al Pontífice, que murió en cautiverio poco después.

El Papa sucesor fue Benedicto XI, pero murió en extrañas circunstancias en menos de un año. Entonces fue elegido Clemente V (1305), de origen gascón. La elección de Clemente V suponía el triunfo de la concepción monárquica, ya que este Papa se sometió al rey de Francia, instigador de su elección. El Papa abandonó Roma y después de un largo periplo se instaló en Aviñón (Francia). Las razones oficiales de la marcha de Roma eran la inseguridad de la ciudad y la hostilidad de los patricios romanos hacia un Papa no romano.

El Papado de Aviñón (1309-1378)

En general este periodo se considera como negativo para la Iglesia, llegando a considerarse como «la segunda cautividad en Babilonia «. Sin embargo sería más correcto considerarla como una época de claroscuros.

Destaca positivamente la eficaz administración y organización del Papado en Aviñón. El historiador Yves Renouard la ha descrito como «la transformación de la Iglesia en una Monarquía Pontificia». La idea teocrática del Papado no se abandonó del todo. Como hechos negativos se consideran el retroceso de la institución pontificia como autoridad moral de la época. El Papado perdió prestigio y credibilidad. También se ha criticado mucho la pomposidad de la Corte Papal.

Palacio papal de Aviñón
Palacio papal de Aviñón

Durante este periodo los Papas eran franceses y por tanto favorables a los reyes de Francia. La Curia Papal también era afrancesada (del total de 134 cardenales, 111 eran franceses). A pesar de los aspectos negativos, ya no se considera el Papado de Aviñón como un modelo de corrupción y mundanidad. Sin embargo, el nepotismo fue ampliamente practicado. Un hecho destacado de este periodo fue la disolución de la Orden del Temple en 1312 por parte del papa Clemente V a instancias de Felipe IV de Francia. También destaca la condena oficial de la doctrina franciscana de la pobreza de Cristo y los apóstoles por parte del sucesor de Clemente V, el Papa Juan XXII.

Dos aspectos que habría que tener en cuenta sobre este período son las relaciones exteriores del Papado y la importancia del aparato administrativo. La sede pontificia de Aviñón fue un recurso de los Papas que demostraba la supeditación del Papado a la monarquía francesa. Representaba el triunfo de la monarquía feudal ante el Papado. Aviñón era una residencia transitoria. Por eso en 1377 el séptimo papa de Aviñón Gregorio XI regresó a Roma. Sin embargo la Curia se dividió respecto a esta opción entre italianos y franceses. Los cardenales franceses, a su vez, también estaban divididos. Poco después del traslado a Roma, Gregorio XI murió.

Urbano VI fue el sustituto. Era un Papa muy autoritario y a la vez incompetente. Ante este hecho, los cardenales franceses alegaron irregularidades en su elección y por lo tanto la consideraban como no válida.

Entonces se eligió un nuevo Papa, Clemente VII, que regresó a Aviñón. En este momento se iniciaba el Cisma de Occidente, ya que Urbano VI no había renunciado por propia voluntad a su cargo.

El Cisma de Occidente (1378-1417)

Al producirse el Cisma entre los dos papas, las monarquías feudales se dividieron según su posicionamiento respecto a cada Papa.

Los partidarios del papa de Roma eran:

Los partidarios del papa de Aviñón eran:

Cisma de Occidente
En rojo los países que apoyaban el papa de Aviñón. En azul los que apoyaban al papa de Roma. Fuente: Wikipedia.org

Estos posicionamientos no fueron sencillos y los países dudaron mucho antes de pronunciarse. El Cisma fue un trauma para la sociedad. Los dos Papas excomulgaron a sus enemigos de manera que todo el mundo estaba excomulgado. La gente vivía con la duda de si apoyaban al Papa verdadero, o por el contrario realmente eran excomulgados. Ante esta situación tan difícil, los teólogos de la Universidad de París propusieron tres vías para solucionar el Cisma, una vez se rechazó recurrir a la fuerza (vía Facts):

El Concilio de Pisa (1409). La Iglesia con 3 papas

La opción que finalmente triunfó fue la vía del concilio. Se ponía a debate quien tenía la supremacía: el Papa o el Concilio. En 1409 se celebró el Concilio de Pisa, con la teoría de que el Concilio era superior al Papa. El Concilio, con este poder, destituyó los dos Papas y eligió a Alejandro V, que luego fue sucedido por Juan XXIII. Sin embargo, ninguno de los dos pontífices destituidos, Gregorio XII y Benedicto XIII, renunció a su cargo, por lo que se estableció una Iglesia tricéfala.

Ante esta situación, el emperador Segismundo I propuso la celebración de un nuevo concilio.

El Concilio de Constanza (1414)

En 1414 se inició el Concilio de Constanza. Gregorio XII, Papa de Roma, renunciaba voluntariamente a su cargo. Juan XXIII fue destituido por el mismo concilio que la había escogido. Benedicto XIII (papa de Aviñón) se negaba a renunciar. El Emperador inició entonces una intensa actividad diplomática para que ningún Estado apoyara el papa de Aviñón Benedicto XIII. Lo consiguió y este Papa se retiró a su castillo de Peñíscola, donde murió solo y abandonado por todos. Es el famoso «Papa Luna«.

Finalmente en 1417 se eligió un nuevo Papa, Martín V. Terminaba así el Cisma de Occidente. Se estableció definitivamente la superioridad del Concilio ante el Papa. En el Concilio de Constanza participaron, además del colegio cardenalicio, representantes de las monarquías feudales. Este hecho revelaba la voluntad general que existía para llegar a un acuerdo.

El impacto del Cisma en la sociedad

La crisis de la Baja Edad Media afectó también a la población religiosa. Las parroquias vieron como disminuían sus asistentes. La autoridad papal era la única reconocida por las órdenes religiosas, ya que no dependían de las autoridades eclesiásticas de los diferentes territorios donde estaban establecidas. Por este motivo se producían tensiones entre las órdenes monásticas y los obispos, ya que aquellas no tenían que pagar los derechos episcopales. Cuando se produjo el Cisma los órdenes no sabían a qué Papa debían apoyar. Esta situación les llevó a un desencanto moral. Las órdenes más antiguos pidieron un movimiento de renovación de la Iglesia.

Desde los franciscanos surgieron los espirituales, que predicaban la pobreza absoluta. Fueron condenados. También se fundaron nuevas órdenes, como la Orden de San Jerónimo en la Península Ibérica. Su sede más importante era el monasterio de Guadalupe. Muchas parroquias quedaron desatendidas o en manos de suplentes y se denunció la falta de preparación de los curas. En esta época asistimos también a un aumento de las cofradías. Estaban a medio camino de la organización religiosa y el carácter laico. Integraban a mucha gente, ya que ofrecían la posibilidad de ayuda mutua. Las cofradías suplían la Iglesia en las tareas que había desocupado.

Otra consecuencia de la crisis religiosa fue la agresividad sobre las minorías religiosas. La persecución más importante fue la de los judíos. Se les obligaba a llevar un distintivo. Se produjeron expulsiones masivas. Las primeras fueron en Inglaterra, Francia, Europa central… En la Península Ibérica la intolerancia fue creciendo hasta que en 1492 fueron expulsados por orden de los reyes católicos. Los judíos expulsados se trasladaron en su mayoría en Europa del Este.

La crítica filosófica-teológica en la Iglesia

Aparte de las propuestas de reforma de la Iglesia desde los órdenes religiosos hubo otras propuestas más heterodoxas que fueron perseguidas. Algunos movimientos no eran nuevos y la Iglesia ya se había dedicado a perseguirlos en el pasado. Eran movimientos intermitentes que rebrotan en momentos de crisis.

A pesar de estos movimientos considerados heréticos, los movimientos más importantes y que mejor se pueden estudiar son los que constituyeron la crítica filosófica-teológica en la Iglesia. Desde inicios del siglo XIV se actualizó la idea imperial de la teoría política, el derecho natural de las monarquías, como garantía de paz y equilibrio. Los humanistas recogían estas ideas y las exponían en sus obras.

Entre los autores humanistas más destacados destacan los siguientes:

Dante Alighieri (1265-1321)

El poeta italiano Dante, en su obra «De Monarchia» (1312-1313) sintetizaba la aspiración a una unidad política (ante la fragmentación italiana) y a establecer unas relaciones equilibradas entre el Estado y la Iglesia. En esta obra destacan tres principios:

En 1329 el libro de Dante fue quemado e incluido en la lista de obras prohibidas de la Iglesia.

Marsilio de Padua (1275 / 80-1342 / 43)

Marsilio de Padua se hacía eco de las ideas de Dante. En su obra «Defensor Pacis» formulaba nítidamente la doctrina de la separación Iglesia-Estado. Sus argumentos, claramente humanistas, eran contundentes: la Iglesia debía subordinarse al Estado, ya que este era el organismo encargado de asegurar las necesidades materiales del hombre. El autor se inspiraba en el modelo del emperador alemán. Marsilio fue declarado hereje y se refugió en la Corte Imperial.

Guillermo de Occam (1288-1347)

Guillermo de Ockham recogió en parte las propuestas anteriores y añadió a su crítica la denuncia de las riquezas del Papado. Además, negó que tuviera poder temporal. Lo importante, decía, eran las obras y la fe. Será declarado hereje y se refugiará en la Corte Imperial.

Los defensores de la doctrina oficial

A pesar de estos potentes movimientos de crítica la teocracia pontificia continuaba teniendo adeptos y defensores convencidos. Agostino Trionfi consideraba que Dios otorgaba el poder el Papa y el Emperador debía limitarse a defenderlo. El portugués Álvaro Pelayo insistía en el carácter sobrenatural de la Iglesia. Otros, como Rodrigo Sánchez de Arévalo o Juan de Torquemada iban en la misma dirección.

Sin embargo los fundamentos de la teocracia pontificia comenzaban a ser discutidos por filósofos y teólogos a los que se sumaron humanistas como Lorenzo Valla, que demostró que la Donación de Constantino de los Estados Pontificios era falsa, lo que representaba un duro golpe a la vertiente político de la ciudad de Dios de San Agustín.

Influencias de los críticos en las revueltas sociales

El movimiento crítico tuvo, en algunos casos, profundas repercusiones sociales. Algunos autores inspiraron revueltas de gran trascendencia, como John Wycliffe. Nació en el seno de una familia de la baja nobleza entre 1324-30 y murió el 1384. Se formó y ejerció su magisterio en Oxford. Su obra estuvo marcada por dos acontecimientos políticos: la Guerra de los Cien Años y el Papado de Aviñón. La francofilia del Papado de Aviñón supuso la oposición inglesa, pero la obra de Wycliffe fue mucho más allá:

Una de las obras más relevantes de contenido político de J. Wycliffe fue «De civili dominio», donde distinguía entre la soberanía (el dominium) que representaba Dios y la potestad referida poder administrativo que Dios otorgaba directamente a las autoridades civiles (no a través del Papa). Por tanto, el Papa no podía aspirar a un dominio temporal universal (seguía la línea de secularización de Marsilio de Padua y Guillermo de Occam). Según Wycliff, la autoridad civil podía despojar de sus beneficios a los eclesiásticos si no obraban bien (este pensamiento inspiró la revuelta inglesa de 1381). La excomunión no se podía defender y, por tanto, no se podía practicar.

Todas las ideas de Wycliffe fueron rechazadas en 45 puntos en el Concilio de Constanza. Sus ideas, sin embargo, tuvieron una gran difusión en los reformadores (sobre todo en el anglicanismo), en las masas populares (John Ball), y fuera del país, en especial a la nueva universidad de Praga. Su pensamiento fue la base filosófica de Jan Hus y el movimiento husita.

El movimiento husita

En la Baja Edad Media la región de Bohemia explotaba intensivamente sus minas de plata, lo que provocaba una gran prosperidad económica. Pero la Iglesia era propietaria de una tercera parte de las tierras. Sin embargo el bajo clero era muy activo y muy crítico con las reivindicaciones que luego fueron recogidas por los reformadores. La nobleza también estaba muy dividida: la alta aristocracia estaba muy germanizada y la baja muy identificada con un naciente sentimiento checo. También la población, tanto urbana como rural, estaba muy polarizada.

Había una gran separación entre ricos y pobres. De estos la mitad se podían considerar indigentes de manera que eran un factor potencialmente dispuesto a la revuelta. A todo esto hay que añadir la semilla de la crítica y el deseo de reformar la Iglesia.

Jan Hus quemado en la hoguera en 1415

Jan Hus se formó en la Universidad de Praga, donde vivió de cerca la pugna entre la facción germanista y la que defendía el «nacionalismo» checo. Allí conoció y difundir la obra de John Wycliff. La condena de la obra del inglés encendió los sentimientos de los partidarios del movimiento reformista.

Se inició entonces una fuerte tensión entre Jan Hus y sus discípulos con la monarquía, la alta jerarquía eclesiástica y los sectores pangermánicos de la universidad. El Concilio de Constanza seleccionó 50 sentencias de las obras de Hus que consideró heréticas. Hus fue detenido pero como no se retractó de sus principios fue condenado a la hoguera, donde murió en mayo de 1415. Poco después también fue quemado su discípulo Jerónimo de Praga.

La muerte de Hus tuvo unas repercusiones sociales extraordinarias. Estalló una revuelta muy violenta y explosiva inicialmente y muy confusa, conocida como Guerras Husitas (1419 a 1434). Se destacan tres fases:


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