La crisis del siglo III y el colapso del Imperio romano

El Imperio Romano sufrió durante el siglo III graves problemas en la frontera que provocaron su colapso militar. El control del territorio se iba perdiendo y el Estado entraba en una clara decadencia.
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| 24/06/2019 | Última actualización:


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Mucho se ha especulado sobre las causas de la decadencia del Imperio Romano de Occidente y su desaparición en el año 476 d.C. Entre los historiadores sigue siendo materia de estudio y especulación. En el por qué de su desaparición seguramente no hubo una sola causa.

En el siglo XVIII la tesis del historiador británico Edward Gibbon hizo mucha fortuna. Su influyente obra “Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano” (publicado entre los años 1776-1788) estableció que entre las causas de la decadencia del Imperio romano existían dos razones principales: la primera, la cristianización del Imperio (religión que predicaba un mensaje pacífico que iba en contra de la tradicional mentalidad y estructura militar del Imperio) y la segunda, la integración en el ejército imperial de un contingente considerable de soldados bárbaros, que nunca defendieron con suficiente patriotismo del Imperio.

La tesis decadentista de Gibbon en cuanto al «fin del imperio romano de occidente» está desfasada y superada por la historiografía actual. A continuación se señalan las causas y motivaciones que condujeron el Imperio romano a su desaparición.

La decadencia de un Imperio. Causas y motivaciones

Entre los años 250 y 270 el Imperio Romano sufrió graves problemas en sus fronteras que provocaron su colapso militar. Durante la segunda mitad del siglo III apareció la figura de los tiranos (persona que reclamaba la autoridad política sin tener ninguna legitimidad con la intención de auto proclamarse emperador). Entre los años 260 y 268 zonas de la Galia estuvieron fuera del control romano.

Además entre los años 260-273 el Imperio tuvo que hacer frente a la usurpación del poder en la provincia romana de Palmira por parte de Zenobia, que se proclamó reina del Imperio de Palmira. Estos hechos se explican por el clima de inestabilidad política y militar del Imperio. Tras la muerte del emperador Alejandro Severo (222-234), que ponía fin a la dinastía Severa, el Imperio cayó en un estado de caos al que se lo conoce como tercera anarquía. En menos de 50 años se sucedieron 25 emperadores con sustituciones violentas. El nombramiento de la autoridad política era asunto de los militares.

Otro importante factor de inestabilidad durante el siglo III fueran las incursiones en territorio del Imperio de las poblaciones germánicas, los llamados “bárbaros“. Por estos motivos, a este periodo de la historia de Roma se lo conoce como “la crisis del siglo III”.

Los cronistas romanos de la época tuvieron la tendencia de exagerar los hechos que vivían y a explicarlos de forma apocalíptica. La realidad es que el siglo III fue una época en la que se vivió con incertidumbre y miedo, que provocó la pérdida del tono comercial, dónde se aceleró el proceso de ruralización de la población y la moneda perdió su uso.

Más allá de los relatos de las crónicas latinas, los problemas del siglo III fueron debidos a la crisis de la autoridad política, pero no tienen porque verse como una crisis global.

Las reformas del emperador Diocleciano (284-305 d.C.)

Hacia finales del siglo III aparece una figura importante: Diocleciano, proclamado emperador por parte del ejército en Nicomedia (Oriente). Bajo el gobierno del emperador Diocleciano se emprendieron una serie de reformas de gran alcance en el Imperio, que buscaban poner orden en la organización de este inmenso territorio ya en decadencia para hacer frente a los graves problemas que estaba sufriendo.

Diocleciano
Busto de la estatua del emperador Diocleciano (284-305 d.C.), en el Museo de Estambul. Foto: G. Dall’Orto (Wikimedia.org)

Las reformas de Diocleciano afectaron ámbitos de la administración civil y militar. También se reformó la organización del ceremonial de la corte imperial.

La tetrarquía. Tesoro de la catedral de San Marcos de Venecia
La tetrarquía. Tesoro de la catedral de San Marcos de Venecia. Fuente: Wikimedia Commons

En cuanto a las reformas administrativas destaca la creación del sistema de la Tetrarquía, que dividía el gobierno del Imperio en dos: el Imperio de Oriente y el Imperio de Occidente. Al frente de cada territorio había un Augusto (aen Oriente era Diocleciano y en Occidente Maximiano).

También se creaba la figura de dos Césares, que estaban por debajo de los dos Augustos. El César era un cargo asociado al Emperador y la persona designada para suceder a cada uno de los Augustos.

Por debajo de los Césares estaban los Prefectos, al frente de las Jefaturas. La Jefatura de la Galia englobaba la Galia, Britania e Hispania. Dentro de las Jefaturas había las Diócesis. Por último dentro de las Diócesis había las Provincias. En Hispania había: la Beatica, la Tarraconensis, la Carthaginensis, la Gallaecia y la Mauritania Tingitana.

Estas reformas tenían como finalidad organizar de forma regular las recaudaciones de impuestos para garantizar el abastecimiento de alimentos en las ciudades. El Estado debía asegurar unos circuitos para que las materias básicas llegaran a las ciudades, lugar donde vivían los funcionarios y todos aquellos que trabajaban para el Estado. La ciudad era la plasmación del Estado.

En el momento en que el Estado no se veía capaz de garantizar ese suministro a las ciudades, el Estado se hundía. El sentido de las reformas iban encaminadas a asegurar la circulación masiva de estos alimentos. Los Prefectos tenían la responsabilidad fiscal y judicial y tenían que asegurar la circulación de materias hacia las ciudades. El Estado tenía una gran movilidad. Se desplazaba de un lugar a otro a través de sus funcionarios.

Sin la presencia física de recaudadores o funcionarios, no había autoridad imperial. Tenían la responsabilidad de vigilar y forzar al cumplimiento de todas las normas fiscales para que no se produjeran incidentes.

El ejército imperial estaba organizado en:

El ceremonial de la corte al Imperio romano

Decadencia de Roma

Una característica muy generalizada en los Estados antiguos era la tendencia a hacer más sofisticado el ceremonial cuando el Estado estaba bien establecido. El ceremonial romano mostraba la figura del jefe del Estado como una presencia notada. Ante el emperador se tenía que hacer la prostatio (la gente tenía que ponerse en el suelo). Este ritual formaba parte de una asignación de cualidades divinas.

Todas estas reformas de la administración querían garantizar que el flujo de materias no producidas por el Estado circularan por todo el territorio con normalidad. ¿Como aseguraba el Estado que había productos suficientes para todos? Con regularidad (cuestión fundamental), cálculos (necesitaba unos especialistas) y un censo (para saber a quien les pides los productos). Esto requería una organización muy compleja y una actualización constante de los datos. No se podía improvisar en la recaudación de los impuestos.

Pero la fiscalidad producía un gran desgaste organizativo. Los dos grandes enemigos invisibles del Imperio eran el tiempo y la distancia. Durante la Tetrarquía se intentaron encontrar soluciones para estos problemas.

¿Como se organizaba la columna vertebral del imperio?

Existía una operación dentro del Imperio que se debía repetir de forma diaria y el Estado tenía que vigilar que se hiciera de forma efectiva y continuada en el tiempo. Era la fiscalidad.

En octubre del año 301 Diocleciano publicó el Edicto llamado: “Edicto sobre precios máximos“, en latín Edictum De Pretiis Rerum Venalium“. Este documento era una lista de productos de interés estatal. Junto a la lista encontramos el establecimiento de medidas legales para todas las materias. Esto significa que todas las materias tenían una equivalencia en unidades expresadas en forma de dinero.

Esto se hizo porque hasta aquel momento las medidas no eran universalmente reconocidas por igual. El Imperio no podía tratar con medidas variables. Se tenía que buscar la forma de encontrar medidas estandarizadas. Y por eso se hizo el edicto de Diocleciano. El otro paso fundamental era fijar los precios, que era una simple cuestión técnica. El hecho de fijar un precio se hacía para poder sumar productos en una misma moneda.

Ejemplo de precio máximo para un producto de primera necesidad, el trigo:

Las medidas y las monedas tenían equivalencias porque había que utilizar un único lenguaje para gestionar los productos. Esta era la columna vertebral del Imperio.

En concepto de impuesto para la fabricación de la moneda los estados medievales incorporaban una tasa en el coste de la moneda. Una moneda no era nunca 100% de plata, sino tan solamente una parte. En función de las necesidades del estado la parte de plata aumentaba o disminuía. La moneda tiene dos valores: el valor intrínseco (valor real de la pieza) y el valor nominal (el valor que le damos a la moneda). Esta relación siempre es arbitraria.

La gran clave del poder político medieval radicaba en que los campesinos eran los que pagaban impuestos. Para conseguir la moneda debían vender sus productos en el mercado.

Por lo tanto, el dinero que el Estado pagaba a los funcionarios en moneda, servía para que estos funcionarios pudieran pagar los productos de los agricultores y por lo tanto, cuando los campesinos tenían que pagar los impuestos al Estado, el Estado volvía a recibir el dinero que había dado a los funcionarios.

El campesino tenía que llevar a cabo todo un proceso técnico antes de obtener el grano. Y una vez conseguido el grano, tenía que almacenar una parte para los intercambios comerciales. Otra parte se destinaba para el consumo propio. Y una última parte, la semilla, se guardaba para la próxima cosecha.

La movilidad de la autoridad política

El emperador Maximiano organizó una expedición entre los años 296 y 298 que supuso su traslado desde Roma, pasando por la península Ibérica hasta llegar al norte de África (parte septentrional). Este traslado masivo de la corte se produjo con la finalidad de desplazarse a una zona donde la presencia imperial era casi inexistente. El Imperio acudía allí para poner orden.

Inmediatamente después de restablecer el orden en la zona se creó una circunscripción romana nueva, la Mauritania Tingitana adscrita a la diócesis de Hispania. ¿Como se reflejó la victoria romana en el territorio?

Un siglo antes de esta victoria, tenemos noticias sobre cómo se organizaba la presencia de Roma en algunos sectores del norte de África. En Anatolia los romanos también tenían problemas de orden. Se dice que en determinados lugares se reunieron representantes del Imperio y los “principes” de unas “gentes” para hacer valer la autoridad del estado. Estas reuniones se denominaban “colloquium“.

En estos colloquium hacían intercambios de presentes, que servían para sancionar la consecución de un acuerdo. Este acuerdo se denominaba “pax”. En estas reuniones se hablaban de impuestos: sobre qué tenían que pagar, las cantidades, los productos que tenían que entregar, etc., y sobre qué contribución tenían que hacer a la organización militar del Imperio y en qué condiciones quedaban sometidos los pueblos con los romanos.

Las condiciones de estos pactos podían variar. Estaban sujetos a continuos cambios y a la posibilidad de ser rotos. Se creaban “estatutos” diferentes para cada zona. En las zonas lejanas del Imperio, la presencia de los romanos era fluctuante. El mapa del Imperio Romano era un mapa cambiante, variable de un año a otro. El Estado, para hacer cumplir estos acuerdos, debía estar físicamente presente. ¿Por qué se vio obligado a hacer traslados de personas?

Era más fácil hacer cuentas en espacios llanos y controlar la población en espacios abiertos que en espacios de difícil acceso. ¿Cómo se organizaba la presencia del Estado en las zonas centrales del Imperio? A partir de una documentación emitida por el Imperio de Oriente podemos saber cómo se organizaba el Imperio a finales del siglo IV. Eran leyes imperiales. En estas leyes se dice cuáles son los problemas que se encuentra el Imperio para organizar el territorio y como se intentaron solucionar. Pero a medio plazo estas soluciones se convirtieron en un problema mayor.

Cronología de las principales leyes imperiales

325 d.C.

En esta ley se prohibía una práctica conocida como “superexactione“: prohibir que cualquier persona añadiera cantidades de dinero de forma ilegal sobre la recaudación legal. Se intentaba evitar que una parte de la recaudación no fuera controlada en las cuentas. Prohibía las prácticas fraudulentas.

332 d.C.

Esta ley revela el inicio del problema central del funcionamiento del Imperio. Se reconoce cuál es el sujeto fiscal, a quien se reclaman los impuestas. Esto se llama “colonus” (campesinos). Lo nuevo es que los colonus debían quedar fijados en un territorio, el “origo”. Los agricultores no podían moverse de donde eran originales. La preocupación del estado para saber el lugar donde habían nacido los colonus se llama “conditio nascendi”. El Estado empezaba a tener problemas para que los objetos fiscales no se fueran. Con esta ley intentó que los agricultores se quedaran para siempre en un lugar fijo.

357 d.C.

La ley del año 332 no consiguió sus objetivos. El año 357 se dictó otra ley: la obligación que cualquier transacción de tierras que se hiciera debía incluir los colonus que trabajaban. Con esta ley querían hacer inamovibles los colonus. Hasta la segunda mitad del siglo IV los colonus no pudieron ser comprados ni vendidos.

371 d.C.

Una nueva ley introdució cambios sustanciales. Permitió comenzar a caracterizar cuáles eran los rasgos de la sociedad antigua tardía. Se hacía una equiparación legal de campesinos y esclavos “rustici censitique servus”.

No había trato legal diferente entre campesinos que no podían ser vendidos respecto a los que sí podían ser vendidos. El estado los consideraba a todos iguales. El estado decidió que sus interlocutores fiscales no eran los colonus. Los colonus no tenían que pagar impuestos. Consideraba que todos debían servir la tierra. La tierra tenía el derecho de ser servida.

El Estado decidió fijarse en otra gente para pagar que pagaron los impuestos, los patronus, miembros de familias relacionadas con las altas jerarquías del Estado, que a menudo eran latifundistas.

Los patronus tenían espacios agrarios extensos y repartidos por todo el Imperio. Estas posesiones estaban siendo trabajadas por los agricultores. El Estado ya los consideraba adscritos a la tierra. Ahora convirtió a los patrones en sujetos fiscales. Y estos debían hacer dos cosas: pagar los impuestos y recaudar los impuestos de sus agricultores.

Lo que hizo el Estado fue simplificar los procedimientos. Delegó el trabajo de la recaudación de los impuestos a los patronus.


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